A quien no le han robado el celular en Guatemala es porque no tiene o no lo saca a la calle. Todos los días, escucho o leo de “trágicos” y penosos casos de este tipo de hurtos. Incluso hay un proyecto contra el robo de celulares intentando hacerse ley en el Congreso. Los Jóvenes contra la Violencia se han unido a la causa, colocando espantacacos de paja en los puntos rojos donde roban celulares en la capital. Parece ser un gran problema nacional. Pero nada leo en los periódicos de las estafas continuas y sistemáticas que las grandes telefónicas hacen a sus usuarios. Y no me refiero solo a su evidente complicidad en el flasheo de los teléfonos, algo que no debería necesitar de una ley para evitarse. Pero pareciera que no nos importa que nos roben los ricos, las multinacionales, los poderosos. Lo que no soportamos es que un caco de baja monta nos arranque en plena luz del día nuestro querido teléfono. Eso nos parece insoportable. Nos preocupa, nos aflige, nos deprime. Ojalá que, de igual manera, nos preocupara y nos hiciera movernos y actuar, la pobreza en este país, los viejitos tirando naranjas al aire en los semáforos, los niños/carga, las niñas/esclavas, los pellejos desnutridos de la infancia chapina, los muertos por enfermedades prevenibles, el desamparo de los huérfanos de la violencia, la injusticia de los sueldos en las maquilas y en las fincas, la evasión en el pago de impuestos de los millonarios, el sueldo obsceno del Procurador de los Derechos Humanos y de paso nuestra estúpida obsesión por tener un teléfono más moderno y más caro que el de nuestro vecino.
>laluchalibre@gmail.com
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