Existen situaciones en Guatemala que las autoridades obligadas pueden resolver, pero que no lo hacen porque ignoran, no cumplen, permiten abusos de sus responsabilidades que, con un poco de rigor, se trata de delitos que no debieran cometerse a los ojos de todos y todos nos quedamos callados.
1. Una noche vi en la tele una preciosa campaña donde un padre y su hijo buscan un lugar dónde soltar unas pequeñas tortugas y lo encuentran en una playa, luego se abrazan cariñosamente porque hicieron un acto positivo de protección del medio ambiente. Ayer pasé por la cuesta del Chilero, camino a El Salvador, donde se estaciona la patrulla de Provial y se pasa ahí todas las horas del día mientras los guardias conversan amenamente. A los pocos minutos pasé por Barberena. En la entrada de la calle principal existe un comedor donde tienen avolcanados tres baños de huevos de parlama, vendiéndolos como platos de atracción a los parroquianos engomados, tanto autoridades como vecinos lo aceptamos.
2. Ya nos cansamos de leer que los asaltantes entran a las fábricas y comercios, los vacían y luego al amanecer se cuenta que todo eso sucede porque al guardián una chica atractiva le fue a regalar un jugo misterioso que en los cientos de casos denunciados siempre lleva un somnífero y así todo sucede sin que la sangre corra, sin que el guardián despierte, dejando muchos comercios quebrados, sin maquinaria. Es inexplicable que en tantos años de repetir la técnica ni los dueños de las policías privadas que prestan el servicio por su personal ni las radiopatrullas que rondan todas las zonas se den cuenta de los robos cometidos hasta con equipo de camiones. Cómo creen que uno puede tragarse que no son capaces ni siquiera de advertirle a su personal que nunca debe aceptar las bebidas de las seños misteriosas, en esto cualquier persona con dos dedos de frente bien puede suponer que las bandas tienen componendas con sus jefes o sus autoridades superiores.
3. Y hablando de policías, por qué será que tanto en todas las carreteras de Guatemala como en las calles de la ciudad capital después de las ocho de la noche no hay un solo policía que cuide el tráfico y cualquiera puede ir y venir como la gana y las circunstancias se lo permitan: camiones sin luces en la placa, camionetas del transporte urbano sin luces, sin placa y sin luces interiores; tráileres que pasan por las arterias capitalinas volando, etcétera.
4. Y en relación con el tráfico, les cuento que en los años cincuenta se prohibió que en camiones y picops se transportaran personas por todos los riesgos y el trato inhumano que eso significa. Hoy, sesenta años después es una práctica que todos miramos con indiferencia y nuestro flamante Reglamento de Tránsito lo permite y así vemos que ya nadie piensa que llevar personas en la palangana de un picop o hacinada la carrocería de un camión es inhumano, la indiferencia de nuestras leyes lo permiten, y la Procuraduría de lo Derechos Humanos quién sabe si lo ha visto.
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