¿Cuál será el origen de nuestra inveterada reticencia al pago de impuestos? Algunos sugieren que las raíces habría que rastrearlas en la oposición de los indígenas a tributar durante la Colonia.
Más probables son las pistas que apuntan a la motivación principal que tuvo la élite criolla en 1821 para independizarse de España: liberarse de sus obligaciones impositivas para con la Corona. La tesis gana peso al constatar uno que el grado de rechazo crece conforme se eleva también el nivel de ingresos.
Sólo en el 2006, el Estado guatemalteco dejó de percibir casi la mitad del total de la recaudación registrada. La evasión del ISR de las empresas superó ese año los mil cuatrocientos millones de dólares. Aproximadamente dos de cada tres quetzales de renta se evade.
Durante el 2007, el 48% de las empresas se declararon con pérdidas (es decir, no tributaron ni un centavo), mientras que el 52% restante declaró un 0.07% no de sus utilidades, sino de sus ingresos globales –expuso una vez G. Porras.
Acaba de pasar en el Congreso una reforma fiscal que parece beneficiar a los acomodados mientras exprime a la clase media. Para eso –según Yuri Melini– mejor hubiera sido obtener recursos indexando las regalías mineras a la cotización de los minerales en el mercado internacional.
A Goldcorp la onza de oro le cuesta 134 dólares producirla, dice, pero la vende diez veces más cara.
Lo que nos queda ahora es asumir con aplomo el nuevo paquete; a cambio, eso sí, de exigir (y, ¿por qué no?, también de fiscalizar) su correcta ejecución. ¿Más obligaciones? Más derechos.
Es lo que llaman democracia.
>lacajaboba@gmail.com
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