El Gobierno debe hacer algo para que haya una visión más equilibrada de su gestión.
Hay que admitir que este gobierno se mueve. En menos de un mes, desde que tomó posesión, ha tomado decisiones que marcan una diferencia con respecto a sus predecesores.
La primera de ellas, cuestionable o no, son los proyectos de ley que ha presentado ante el Congreso para aumentar la recaudación fiscal. Lo que al gobierno anterior le tomó un año decidirse a hacer, la administración actual ya lo tiene en discusión en el Congreso de la República.
Luego ha habido otras decisiones sumamente positivas. El lanzamiento del programa Hambre Cero, que si se logra realizar en la manera como está concebido, reducirá las alarmantes estadísticas de desnutrición crónica. En lo personal, a mí me anima el compromiso que muestra este gobierno en cuidar a las madres embarazadas y a los neonatos, hasta que cumplan dos años. A estas alturas, no se necesita insistir demasiado en que esos mil días, desde la concepción hasta el segundo año de vida, son vitales para que los niños puedan desarrollar adecuadamente sus capacidades cognitivas. Creo que no hay guatemalteco o guatemalteca alguna que no esté consciente de la urgencia de este programa.
En el tema de la Policía Nacional Civil, este gobierno no solo ha reforzado la institucionalidad de este cuerpo de seguridad, escogiendo a sus nuevas autoridades entre quienes van en el escalafón de mando sino, además, se ve un compromiso serio con la profesionalización de los agentes. Esto es lo que se colige de la visita realizada por el presidente Pérez Molina y el ministro López Bonilla el pasado miércoles a la Academia de la Policía, al prometer erradicar el hacinamiento que agobia a los cadetes.
De Gobernación salió también la decisión fulminante de cesar en el cargo al director del Departamento de Tránsito, por sospechas de corrupción. Una decisión a todas luces loable, que habla de lo que el Ministro intenta lograr –si es que se lo permiten las fuerzas que le disputan su esfera de influencia– reorientando esa cartera tan conflictiva.
A pesar de esas acciones tan positivas, que marcan una diferencia, el actual gobierno parece no haberles dado mucha importancia. Se ha hecho el anuncio, se produce la noticia pero luego desaparece del imaginario colectivo. Como si abatir el hambre, combatir la desnutrición, reforzar la institucionalidad policiaca no fueran puntos tan importantes en la oferta que esta administración hizo para llegar al gobierno. Lo que ha resaltado en el universo mediático han sido los errores: el sesgo anticlase media de su paquete fiscal, el autoritarismo que implica dejar de consultar a las organizaciones de mujeres antes de nombrar a la titular de la Seprem y la absoluta tontería de cesar los programas de prevención del delito en la zona 18.
Algo debe hacer el gobierno para que se produzca una visión más equilibrada de su gestión, porque, tal y como lo demuestran los hechos que aquí menciono, no todo ha sido tan negativo como lo pintan sus detractores.
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