El vacío que provoca en el alma de las personas el temor y la desesperanza.
Es un hecho que Guatemala vive con hambre. También es un hecho que vivimos en una paradoja, porque en un país con tanta fertilidad para producir alimentos tenemos una desnutrición crónica aberrante. Es imposible creer que más de la mitad de municipios vive con desnutrición severa y que exista un millón de niños desnutridos. Estamos hablando de una de las tasas más altas del mundo. El próximo 16 de febrero el Gobierno lanza su programa Hambre Cero en San Juan Atitlán, Huehuetenango, un municipio en donde 9 de cada 10 habitantes están desnutridos.
Las consecuencias del hambre y la desnutrición son devastadoras en el ser humano, pues van desde problemas físicos en la salud, el crecimiento normal del cuerpo y el cerebro, y además genera otro tipo de efectos sociales en una comunidad. Pero más importante que comprender ese vacío que ocasiona el hambre en el estómago, creo que es aún peor el vacío que provoca en el alma de las personas, al llenarlas de temor, desesperación y desesperanza. Cuando hay hambre hay violencia y cuando hay violencia no hay desarrollo, la interrogante está en cuál problema atacar primero. Por eso opino que es acertada la iniciativa del presidente Pérez Molina al darle vida al programa Hambre Cero y hacerlo al inicio de su período de gobierno.
Lo que resulta preocupante es que el Gobierno no posee las partidas presupuestarias y mucho menos los recursos para atender este importante programa, lo que nos obliga a pensar de dónde saldrán los Q2 millardos necesarios para este programa. Ante un problema como tal, es necesario que todos los sectores nos unamos a plantear soluciones que nos permitan como país reducir para luego erradicar el hambre en Guatemala. Existen esfuerzos privados como la internacional Fundación contra el Hambre, el cual ha sido exitoso llevando alimentos, programas de salud y sobre todo un mensaje de esperanza y fe a regiones de Quiché y Alta Verapaz. Su método consiste en patrocinar la alimentación de un niño al año. Solamente en 2011 lograron impactar 36 comunidades, alimentar a más de 5 mil niños y capacitar líderes locales para implementar programas de salubridad.
El hambre es un grave problema que afrontamos, pero es importante tomar conciencia que es un compromiso de todos los que tenemos un plato de comida tres tiempos al día y que podemos darle a nuestros hijos esa bendición. Como guatemaltecos, como empresarios, como profesionales, pero sobre todo como seres humanos, no podemos seguir dando la espalda a este problema, es vital comprometernos a llevar tanto ese pan físico como espiritual que tanta falta hace en nuestro país.
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