Intriga saber qué significa esta campaña que coincide con el lema del partido de gobierno.
Entrando a la ciudad de Guatemala la presencia de Arjona se hace inevitable, demasiadas megavallas a ambos lados de la calzada nos anuncian, bajo el patrocinio de la Pepsi, el advenimiento de una guatemorfosis que empieza por vos mismo, y que nos convoca a sentirnos orgullosos de lo que tenemos. Por su mensaje y su estilo, recuerda intentos como “Guateámala” y el reciente ascenso al volcán para formar un corazón, eventos que no sabemos qué impactos tuvieron.
Llama la atención que coincidan con el lema del partido en el gobierno que promulga, con exceso de contaminación, “el cambio”. Intriga saber qué significa y qué función cumple esta costosa campaña. Qué quiere de la gente. No es casual que nos estén bombardeando con una serie de mensajes que buscan hacernos sentir satisfechos con lo que aquí sucede, y pretenden con “la buena onda” hacer que nos sintamos felices.
Los grupos poderosos sostienen su hegemonía para controlar a la sociedad por cualquier medio. Para ello, requieren que sigamos obedeciendo y recibiendo lo que nos dan, pero calladitos, sin renegar, aceptando los discursos con que sustentan sus políticas. La cultura dominante, transmitida por las grandes transnacionales, manipula por medio de imágenes y símbolos que van penetrando el inconsciente de las multitudes como creencias religiosas. La enajenación que la publicidad produce es necesaria para que los consumidores sigamos haciendo girar la rueda del capitalismo. A un público idiotizado es más fácil seguir explotándolo.
Volviendo a las transmutaciones que sugieren las campañas, es importante que la ciudadanía asuma su responsabilidad y no se deje llevar otra vez con la finta de que ahora, con el esfuerzo y el empobrecimiento de las mayorías, vayamos a ser otro país, mejor para vivir. Hay signos que debemos analizar con toda nuestra capacidad crítica para entender lo que buscan. Por ejemplo, qué implican hechos como eliminar la participación civil en la designación de autoridades, pactar con las mineras, militarizar las calles, cerrar espacios de expresión. Lo que se puede leer de esos actos de prepotencia es que el “manodurismo” va a imponer su voluntad, aun a costa de la democracia, como ya lo están haciendo. Y además, sin empachos, porque ya en la Presidencia, las promesas se rompen y los planes se ejecutan sobre la base de la fuerza, con lo cual no hay chance ni para discutir.
Si Arjona cree que podemos sentirnos orgullosos de Guatemala por sus paisajes, allá él, pero es penoso que aquí nos traguemos esa idea, cuando lo que hay es un pantano de injusticia e impunidad que es necesario resolver. Cambio verdadero sería que el Estado dejara de ser racista, patriarcal y excluyente; transformación genuina, que se democratizaran las relaciones económicas, se acabara con la impunidad histórica, y se pudiera gozar de libertad. Usar canciones para seducir es un viejo truco. Cuidado con lo que nos venden, muchas veces es basura.
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