El frío y las rachas de viento me obligaron a entrar a la cafetería.
Después de un primer té y mientras esperaba el segundo, comencé a fijarme entre el público y a escuchar sus conversaciones. A mi espalda, por lo que no pude verlo, un hombre que imagino de edad madura se quejaba con cierta tristeza de los sucesos desastrosos que le habían acontecido por andar rascando el suelo en gallinero ajeno.
Lo peor es que no se me bajaba, y me tenía que ir a buscar a mi señora donde la suegra. Y las carcajadas de sus acompañantes repicaron por todo el local, logrando detener las conversaciones por varios segundos. Lo único que se le pudo ocurrir a mi vecino fue decir apresuradamente…por lo tanto, para mí eso de la primavera árabe es una tontería que se han inventado entre los gringos y los rusos. Imagino que sus compañeros pusieron caras serias y entonces los parroquianos volvieron a sus asuntos.
Unos jóvenes que estaban sentados a mi izquierda comenzaron a augurar que de ahora en adelante –supongo que no sabían que el ahora había comenzado en diciembre de 2010—Facebook iba a ser una fuerza poderosa y que por eso no se podía dejar de entrar al menos dos veces al día allí. Allí fue donde comenzó todo eso de los árabes dijo una voz femenina y después hubo un pleito amable entre los muchachos para llegar a un acuerdo sobre dónde había comenzado la primavera árabe.
Yo creo, dijo un muchacho musculoso y con el pelo casi al rape, que todo esto está sucediendo porque los jóvenes ya nos hemos involucrado en todo eso. Imagínense lo que fue acampar en Madrid y en otros lugares de Europa como los embravecidos...no no, le corrigió otro, no es embravecidos sino indignados. ¿Y no es lo mismo? Una nueva voz femenina aclaró: pero ellos estaban acampando para protestar por la codicia de Estados Unidos, por el orden económico mundial.
Callate vos, Amarilis, que toda la vida le andás buscando tres pies al gato, dijo otro hombre, de voz chillona. Yo digo que los jóvenes estamos tomando el poder y nada más mirá: Facebook, Twitter, MySpace, Linkedin…
Estoy segura de que si les hubiera preguntado quiénes eran Hosni Mubarak, Mohammed el Khadafi y dónde estaban en esos momentos se habrían quedado mirándome asombrados, No lo hice porque no me gusta hacer quedar en ridículo a las personas.
De todas maneras los jóvenes hemos comenzado a interesarnos por cosas serias. Los viejos son mañosos se andan levantando la plata.
Lo que hice fue tomar un taxi, susurró el señor que había tenido problemas con los efectos de la píldora azul, y dejé escondido mi carro. Entré cojeando donde mi suegra y dije que había tenidos un accidente. Nuevas carcajadas, nuevos silencios y esta vez una aseveración del joven musculoso que se oyó por todo el café: lo que les dije, la gente muriendo, los jóvenes en peligro de ser asesinados y los viejos, les importa un pepino, se ríen de eso.
Comenzó una trifulca roñosa porque nadie quería ser héroe de cantina del oeste, y si antes se quebraban espejos y sillas y de todo, ahora se lo cobran a uno más volando que andando.
¿Qué pasó, qué pasó? Preguntó una señora muy empingorotada que con otras dos amigas igual de presuntuosas llevaban largo rato de comer sándwiches y pasteles rociados copiosamente con vino tinto. Supongo que alguna dieta nueva para adelgazar.
Alguien les dijo algo de los árabes y los jóvenes y los viejos mañosos que se andan robando la plata.
¡Qué horror, dijo una de ellas! Las cosas por las que se discute ahora. Sobre todo cuando en Guatemala tenemos tantos problemas, tanta hambre (vi de reojo sus platos) y encima estos diputaditos que acaban de empezar con sus payasadas.
¿Por qué no les peguntan a dónde fueron a parar aquellos ochenta y dos millones y medio de quetzales? Dijo alguien, bien callados andan todos.
Señora, dijo el joven corpulento: por eso estamos peleando, somos los primeros indignados de Guatemala y a partir del momento en que baje el frío nos vamos a ir a acampar al parque central y frente al Congreso.
¡Ay qué bueno que ya se estén preocupando! Y ahora con Facebook y Twitter se pueden comunicar más fácilmente y más rápido…
En ese momento pagué mi cuenta, salí al frío y al viento y comprendí por qué en Guatemala, los diputados necesitan megáfonos para entenderse.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
0 comentarios: