En Guatemala hay una visión bastante acertada de cómo se resuelven algunos casos cuando el criminal es una persona adinerada, con influencia política y, sobre todo, protegido por grupos de ideología de derecha enraizada. No solo se salen con la suya, sino que en un sistema ya corrupto, el culpable se vuelve acusador.
Eso ha sucedido con el juez Baltasar Garzón en España. Se atrevió a investigar a varios corruptos del Partido Popular (hoy en el poder) sacando a luz confesiones telefónicas autoincriminatorias. Hoy se le acusa de haber vulnerado los derechos de los acusados, pero la nota más lamentable es de los Jueces del Tribunal Supremo que aprovechando la circunstancia, lo inhabilitan por 11 años. Muy dignos podrán parecer, pero es la misma porquería que vivimos en muchos países.
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