“Con todo, y a pesar de las dificultades para cumplirlos, los objetivos del Pacto Fiscal continúan orientando la política económica, y en particular la política fiscal de Guatemala”. Ocho años después la realidad es otra; ningún político o ministro de Finanzas quiso ponerse la camisa de fuerza que el pacto implicaba. Aparte de algunos compromisos referentes al nivel de la carga tributaria y las características del ISR, el resto de compromisos contenidos en el Pacto giraban en torno al balance entre ingresos y gastos, control del endeudamiento público, calidad del gasto, transparencia, control de la corrupción, etcétera. Para tranquilidad de quienes siempre se opusieron al Pacto, hoy en día la política fiscal se encuentra liberada de tales restricciones.
Quienes tanto se opusieron al aumento de la carga tributaria al 12 por ciento del PIB se salieron con la suya. La meta no se ha alcanzado y, para bien o para mal, ya no se habla de una meta específica sino de la necesidad de financiar el nivel actual de gasto público. Quienes se oponían al balance entre ingresos y egresos del estado, en especial al balance fiscal durante el último año de cada gobierno, también ganaron la batalla. El déficit fiscal durante 2011 alcanzó el 2.8 por ciento del PIB y hoy en día ningún político se atrevería reducir el déficit fiscal al 1 por ciento del PIB, tal y como lo mandaba el Pacto. Quienes se oponían a la “progresividad global del sistema” también lograron su objetivo. El tema ya ni se discute y los cambios propuestos al ISR difícilmente hacen más progresivo el sistema. Quienes se oponían a limitar el endeudamiento público y a usar la deuda como sustituto de los ingresos tributarios estarán satisfechos. Difícilmente el gobierno del PP podrá escapar a la tendencia que caracterizó al gobierno anterior en esta materia.
Al final de cuentas, cada quien ganó una batalla, pero ninguno ganó la guerra. La oposición combinada de todos estos grupos terminó por destruir y desprestigiar un instrumento que pudo haber sido una buena hoja de ruta para la conducción de las finanzas públicas y que, de haberse cumplido, seguramente el país no estaría en las penurias actuales. Como es común, el país perdió más que lo que ganaron en total todos estos grupos.
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