Su gestión es cuestionada por los ciudadanos mayas.
Álvaro Colom pasará a la historia como el primer presidente que reconoció que esta es una tierra maya por raíces y por población, y que existe una deuda histórica que el Estado no ha cumplido con la Guatemala profunda. Población que todos los días es negada, que se le demanda asimilarse y sobre la que recaen ingratas formas de explotación y esclavitud contemporáneas.
Por el nivel de conciencia que Colom alcanzó -sobre cómo operan las desiguales relaciones étnicas en el país- durante su gestión al frente del Fonapaz y su acercamiento a la espiritualidad maya a través de una relación que tejió con un sector de ajquijab, su gestión es cuestionada desde el mundo maya, por los pocos logros para los pueblos indígenas, comparado con lo que pudo haber realizado y con lo que ofreció.
Quedan elementos por analizar, uno es entender, cómo su postura inicial de asumir la complejidad racial del país fue marginalizada en la medida en que su esposa Sandra Torres empezó a tomar el control del gobierno, y cómo pesó más el análisis y discurso de clase, en donde los derechos indígenas perdieron fuerza en la medida que el ala de la UNE que tomaba el timón defendía una visión de clase, que categoriza las demandas indígenas, como un viejo problema que se arrastra, pero que en el fondo no son importantes. La exprimera dama habló de los pobres, pero casi nunca dijo que la mayoría de los pobres son indígenas.
Además, hay que profundizar en la conflictividad social que Colom no pudo atender y en cómo las acciones gubernamentales satanizaron las problemáticas indígenas. Menciono algunos casos paradigmáticos: –las más de 50 órdenes de captura en contra de representantes de 12 comunidades de San Juan Sacatepéquez que se oponen a la instalación de una cementera, las órdenes de captura en contra de mujeres que denunciaron los estragos en sus comunidades por la mina de oro Marlin en San Miguel Ixtahuacán, los sangrientos desalojos en el Polochic y la criminalización de la demanda por tierra, materializada en un caso, la condena a Ramiro Choc a través de un proceso viciado.
Lo que dejó Colom fueron algunos programas paternalistas que cooptan, pero no liberan y son perfectos para mantener el statu quo.
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