El asombro que encontramos en los libros de ficción es motivo suficiente para querer cada vez más y nuevos estímulos, porque no somos simplemente una cosa, porque tenemos vida, y la libertad se puede comprender como el poder de decir no a las determinaciones de la Naturaleza. Los árboles no pueden negarse a ser árboles plantados en donde les correspondió, pero nosotros nos movemos, y superamos la sobrevivencia porque disfrutamos de los placeres. Los seres humanos volamos con la mente, nos sumergimos en las posibilidades de la conciencia, tenemos la memoria para lo pasado y la imaginación para suponer lo posible de ocurrir y resolver problemas nunca antes enfrentados, y podemos leer en el mundo los gestos que nos permiten reaccionar y navegar por el ámbito de la realidad. En los relatos de ficción, sentimos la emoción que procura la experiencia pensada, e idealizamos la acción, que es lo que modifica la historia.
En mi caso particular he ido variando mi dosificación de lecturas, y cada vez me gustan más y apasionan las obras donde se debaten las ideas. Leo las diferentes corrientes de pensamiento por el genio que evidencian, aunque no vuelvo religión ninguna, porque todas aportan perspectivas ingeniosas sobre la realidad, que sorprenden y fascinan, pero solas no conducen a verdad absoluta posible, aunque cada una la muestra a su manera. Y he descubierto, además, el gusto por la lectura de obras de especialistas sobre la creación de los grandes maestros, porque hacen resurgir el placer de cuando siendo estudiante el maestro me iluminaba el entendimiento. Uno de estos descubrimientos recientes es la obra Lo mismo y lo otro, de Vincent Descombes, donde hace un recorrido magistral por la filosofía francesa desarrollada entre 1933 y 1978, que es un festín. Empieza con la humanización de la nada, analizando el pensamiento de Kojeve y Jean-Paul Sartre, luego salta al origen humano de la verdad con el pensamiento de Merleau-Ponty, se salta a la semiología y el estructuralismo tan en moda en los años sesenta, luego pasa por la crítica de la historia de Foucault, para saltar a los días de Derrida y La diferencia, hasta la discusión del final de la historia de autores como Deleuze o Lyotard. Un recorrido brillante, cuya lectura apasiona como cuando se lee una novela de aventura.
mendezvides@itelgua.com
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