Es difícil negar la influencia de la ideología en temas relacionados con la justicia.
La inhabilitación del juez Baltasar Garzón y las declaraciones de expertos extranjeros, indican que la ideología no es ajena a la impartición de justicia en consecuencia es atentatoria a la ética jurídica. Inmediatamente que se conoció su invalidación por once años, llovieron las acusaciones en contra de quienes decidieron alejarlo de los tribunales; fueron acusados de franquistas o de favorecer a la dirigencia del Partido Popular. Buscando más información sobre Garzón, encontré que durante una visita a Chile realizada en 2006, en compañía de otro nefasto, perverso, cínico y seudo juez llamado Carlos Castresana, Garzón expresó públicamente: “Cuando escucho decir que los jueces no deben tener ideología ni opinión política me río, porque debemos tenerla, yo me voy cada día a mi despacho con ellas, y eso no significa juzgar con parcialidad” (El País. 28/agosto/2006). Pero las razones por las que fue sancionado demuestran, que traicionó este personaje, “El fin justifica los medios”. La relatora especial de la ONU Gabriela Knaul salió en su defensa argumentado que “los supuestos errores en las decisiones judiciales no deberían ser una razón para la expulsión de un juez y, mucho menos, para la puesta en marcha de un proceso penal” (EFE), o sea que un juez puede equivocarse y ya.
Recientemente Beatriz Colmenares entrevistó al abogado Alexander Aizenstatd, acerca de la ratificación del Estatuto de Roma por nuestro país. Al formularle la pregunta ¿cómo explicarse que haya transcurrido casi un decenio para que ello ocurriera? Su respuesta me sorprendió, por la relación ideológica que hizo al mencionar la filiación del expresidente Colom: “No puedo siquiera explicarme por qué fue necesario un cambio de gobierno, cuando se hubiese creído que Álvaro Colom tenía una ‘línea ideológica’ favorable a la ratificación” (elPeriódico)… ¿Cuál línea ideológica? El entrevistado ignora que Colom principió siendo de izquierda, después centro derecha y en el ejercicio del poder se autodenominó social demócrata. Es difícil negar la influencia de la ideología en temas relacionados con la justicia, de no ser así, qué tan importante era la filiación del exgobernante para firmar la adhesión al estatuto.
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