Sobre la Disneylandívar: me quito el sombrero frente a su Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA) después de hojear algunas de sus publicaciones.
Reconozco, también, la encomiable y archinecesaria labor de Plaza Pública, fresquísimo ejemplo de periodismo comprometido con la formación de ciudadanos conscientes e informados: en menos de un año de vida ha logrado ganarse ya un sitio importante en su ámbito gracias no sólo al rigor y al esfuerzo propios sino también a la deplorable oferta informativa circundante (conformada, en su mayoría, por medios –radiales, televisivos, impresos– mentirosos, mediocres y vendidos)… y gracias, también a una subvención parcial que recibe de la URL.
¿Libertad de cátedra? ¿Mejoras sensibles? ¿Formación integral? ¿Libre expresión? ¿Apoyo con becas? ¿Conciencia social?
Eso depende de las expectativas (y de los parámetros comparativos) de cada quién. Me temo que algunos alumnos, víctimas quizás del síndrome de Estocolmo, esperan demasiado poco de su alma máter, hartamente obligada a prestar servicios de calidad si se tiene en cuenta lo que cobran por éstos –y el alarde barato que hacen a la hora de ventilar sus pretendidos logros.
Sobre la Marro: su biblioteca, su arboretum, su proyecto New Media, su cultura de eficiencia y de servicio, su notable capacidad de adoctrinamiento son asimismo dignos de escurrir baba por la boca.
Por desgracia, en ambos casos se trata de excepciones que no cambian el fondo del asunto: un apego al poder más que a la ciencia y un orden de prioridades que pone el negocio por encima de la educación misma.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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