En su columna del viernes 17 de febrero, Andrés Oppenheimer afirma que “Estados Unidos debiera aceptar que Cuba participe en la cumbre (VII) para cuestionar la dictadura”. Él no toma en cuenta tres aspectos fundamentales en las relaciones internacionales de hoy: 1) Las últimas cumbres han servido para resolver problemas álgidos por medio del diálogo con la participación de la comunidad latinoamericana como el caso de Ecuador y Colombia a raíz del bombardeo de esta última en territorio ecuatoriano. 2) La intención de los países de la ALBA de boicotear la cumbre si Cuba no es invitada es un mensaje claro de que ya no son factibles los amos y señores. Que el unilateralismo ha dado paso al multilateralismo. Y 3) Que la doctrina Monroe ya no es plausible, sino el trato de igual a igual con todas las naciones del continente, incluyendo Estados Unidos.
Si Oppenheimer sugiere cuestionar al gobierno cubano en el marco de la Cumbre por supuestas violaciones a los derechos humanos y políticos de sus ciudadanos, igual propuesta debiera darse hacia Estados Unidos por los daños provocados a sus vecinos entre los que figuran el bloqueo hacia la Isla desde hace 50 años el cual ha sido condenado por nada menos que 198 países en Naciones Unidas. ¿O, de eso no tiene nada que decir Oppenheimer?
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