“Nuestro clavo es la pobreza”, reza una publicidad radial de Un techo para mi país, una iniciativa a la que se han unido alrededor de tres mil muchachos que uno no puede dejar de aplaudir. Su objetivo es construir viviendas para las personas desfavorecidas.
No deja de sorprenderme la conclusión a la que estos muchachos han llegado, luego de confrontarse a la cruda realidad del país. En Guatemala, le entrés por donde le entrés a la problemática social, siempre llegás al mismo punto: “nuestro clavo es la pobreza”. Dicho así parecería una frase de Pedro Infante, con las dosis de melodramatismo y sensiblería necesarias, pero no deja de ser una verdad contundente y difícil de refutar.
Ahora bien, si tenemos claro que nuestro problema fundamental es la pobreza, espero que también tengamos claro que esta no se debe a nuestra mala suerte o a nuestra falta de iniciativa empresarial, sino a causas históricas que son muy concretas y que sería bueno examinar. Es decir, si analizamos a profundidad qué es lo que nos ha llevado a semejante situación, nos daremos cuenta que no serán la caridad, el altruismo o las buenas intenciones las que van a sacarnos del atolladero, sino una distribución más justa y equitativa de la riqueza que produce este país.
Somos un país pobre y esto no solo se reduce a lo puramente económico. Hay otro tipo de pobrezas que nos afectan, independientemente de nuestra “capacidad de consumo”. Nuestro nivel educativo, cultural, humano, de concepción del mundo, en suma, se encuentra a nivel de lo miserable. De esto no nos salvarán ni la supertortilla ni las bolsas de incaparina. El clavo de la pobreza.
>laceituno@elperiodico.com.gt
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