El Estado tiene la obligación de dar el primer paso antes de querer elevar la recaudación, sostiene Aníbal Pérez, acucioso lector de el bobo de la caja y comentarista puntual, viernes a viernes, del foro en la página web.
Con dar el primer paso se refiere a ofrecer muestras de transparencia, rompiendo con ese lastre de ineptitud y de saqueo cuya cauda se traduce en que la administración pública (laboratorio de transas, reducto de impunidad) cumple cualesquiera fines antes del que, en principio, le corresponde: invertir en el desarrollo integral, estratégico y ordenado del país.
Pérez pierde de vista tal vez que el Estado guatemalteco está, de hecho, conformado por todos sus habitantes, de manera que la mentada obligación (es decir, el ‘primer paso’) nos mira a los ojos desde el espejo señalándonos con el dedo. “No tenemos el gobierno que merecemos”, releí hace poco, “tenemos el gobierno que somos”. Precisamente.
Uno de los rasgos típicos de sociedades fallidas es su incapacidad para articular proyectos (modelos de convivencia, acuerdos, normativas, reglas, decretos, leyes, la Carta Magna misma) consensuados e incluyentes. De esta tara se desprende nuestra repulsa por las instituciones, las cuales –percibimos– ni nos representan, ni mucho menos nos cumplen. No son ellas para nosotros, sino al contrario: son ellas contra nosotros –solemos pensar.
“El Bobo está prometiendo fiscalizar y exigir el uso correcto del pisto público”, concluye Pérez. No es cierto. Destaco, eso sí, la fiscalización como una imperiosa responsabilidad ciudadana. De todos, no sólo mía.
¿Le entramos?
>lacajaboba@gmail.com
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