Contra la opinión de Washington, los centroamericanos se disponen a hablar.
La gira de la Vicepresidente por América Central fue un éxito. El Gobierno ha conseguido pronto romper un tabú: se ha abierto la discusión, por tímida y limitada que sea, sobre otro abordaje para combatir el flagelo de la droga distinto al único que admite Estados Unidos. Esto supone un logro importante para el país, desacostumbrado a ser un actor de relevancia en la región desde que Vinicio Cerezo inició la pacificación de Centroamérica.
Tiene tal importancia la iniciativa, que la secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Janet Napolitano ha integrado el tema a su discurso en la región. Y ha vuelto a repetir por enésima vez que la única opción válida es la suya. Oportunamente también la oficina dedicada al estudio de los estupefacientes de Naciones Unidas apoya la visión de Washington. Pero contra todo pronóstico, en Centroamérica hay quien piensa que deberían sopesarse otras maneras de afrontar el problema.
Lo que la vicepresidente Baldetti logró fue un compromiso moderado pero suficiente de parte de tres naciones de la región para tratar el tema. Hasta el presidente Martinelli de Panamá ha aceptado sentarse a la mesa y solo Mauricio Funes, de El Salvador, se negó siquiera a recibir la visita.
La Vicepresidente viajó acompañada de José María Argueta, de la Secretaria de Inteligencia, quien es reputado como un conocedor a profundidad de Washington y sus entresijos. Argueta cobra gran relevancia para el Gobierno, igual que Fernando Carrera, el secretario de Planificación, quien en el último minuto dejó de participar en la gira pero contribuye con la formulación de la estrategia de este tema que es, véase desde donde se vea, materia presidencial.
Porque es Otto Pérez Molina quien lleva la voz a la hora de proponer que se discuta la despenalización. El Canciller, un hombre identificado con la iniciativa, pues él mismo la propuso cuando era candidato a la Presidencia, tiene escaso protagonismo en el asunto. La explicación para su ausencia puede estar en que Harold Caballeros será de nuevo candidato en 2015. Lo más probable es que no sea el candidato oficialista y por tanto, el Presidente prefiere regatearle el protagonismo en una materia devenida en determinante al inicio de su gestión.
Por lo demás, está visto que la iniciativa también supone cierto riesgo frente al mercado local. Los columnistas de opinión parecemos la mayoría muy favorables a la idea, pero una encuesta realizada por Cid Gallup refleja que esta no es una iniciativa popular. Muchas personas temen a las consecuencias de la despenalización y apenas comprenden los alcances que tiene el que un debate de ese tipo sea abanderado por Guatemala.
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