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    Guatemala, domingo 25 de marzo de 2012

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    EL ACORDEÓN

    El memorial de la guerra

    “Guatemala: Eterna primavera, eterna tiranía” de Jean Marie Simon, el clásico libro de fotografías sobre los años de guerra en Guatemala, se edita en edición popular y con la inclusión de mucho material inédito. En palabras de Jose Rubén Zamora, este libro “en su conjunto, es el retrato fiel de una época trágica que debemos tener cerca, siempre a la mano, para no olvidar ese pasado monstruoso que tuvo lugar entre hermanos”.

    En la página 268 de la 3ª edición del libro de Jean-Marie Simon (2ª en castellano y 1ª popular), el arzobispo Penados del Barrio señala que “en Guatemala, algunas veces usted ve algo, pero no dice nada, porque usted no se quiere morir”.

     

    Al otro extremo de generaciones enteras de retrecheros, Jean-Marie –con sus cámaras Olympus (OM-1 y OM-2) provistas de lentes de 28 y 50 milímetros— vino, vio, dijo lo que vio y sigue diciéndolo. Al olvido le consta; y también a quienes manipulan tanto sus propios palimpsestos como los ajenos.

     

    ¿Qué vio en el momento de captar la expresión de la muchacha que parece bailar a la fuerza en la portada? ¿Qué ve hoy?

     

    – Estuve en Nebaj con el equipo de filmación de Titular de hoy: Guatemala, un documental sobre la época. Asistimos a un baile que paradójicamente conmemoraba la independencia de Guatemala: el 15 de septiembre. Ahí estaba el ahora presidente Pérez Molina, comandante del destacamento de Nebaj.

     

    Miré la bombilla del salón; era muy tenue la luz que emitía, y me pregunté si había suficiente para que saliera la imagen. No es como hoy, que lo ves todo al instante. En esa época, tomabas la foto y solamente semanas después sabías si era buena u olvidable.

     

    Lo que para unos fue una “guerra civil”, para otros fue un “enfrentamiento armado interno”. ¿Qué fue para usted?

     

    – Para mí, lo que pasó en Guatemala fue secuestro masivo ilegal en la capital y asesinatos y masacres en el campo. Y punto. 

     

    Reconozco que el nombre que uno aplica a lo que sucedió en Guatemala muchas veces responde al resultado que se desea obtener. El dilema con el término “genocidio”, por ejemplo, es que se ha aplicado tantas veces a las masacres que, en fin, se ha vuelto genéricamente el término que se aplica a toda matanza, como que llamarla otra cosa sería burlar el hecho. Y también tiene sus ventajas “comerciales”. Hace dos años una persona me dijo que la clave para que les financiaran su documental fue poner el nombre de “genocidio” en las solicitudes.  “Poniendo ‘genocidio’”, me dijo, “logramos conseguir los fondos.”

     

    Lo que me sorprende es el hecho de que nadie haya examinado detenidamente lo que ha dicho el presidente Pérez Molina en cuanto al genocidio. Cada vez que se le pregunta acerca del tema, él responde, parafraseando, que “en Guatemala no hubo genocidio porque no hay ningún documento que diga ‘Matemos a los Kak’chiqueles’”.  Pero la verdad es que el Presidente nunca ha desmentido la acusación de masacres, simplemente ha dicho que no hubo genocidio. Es decir, el Presidente inadvertidamente ha dejado abierta la puerta, pero nadie está cruzando el umbral.


    ¿De qué sirve “preservar la memoria de la guerra que sufrió Guatemala”, si son legión quienes están más pendientes del resultado de un partido de fútbol entre el Barcelona y el Real Madrid?

     

    – Quizá el valor de la respuesta se encuentre invirtiendo la pregunta: ¿Cuáles serían las consecuencias de no preservar esa época?” Hacerse de la vista gorda ante esa época es sugerir que esas vidas no valieron nada, y que los acontecimientos de aquel período son irrelevantes.  Y si hicieron desparecer esa etapa una vez, ¿podrían hacerlo de nuevo? Cuando ya has comprobado que se puede cometer equis crimen sin repercusiones, esto explícita o implícitamente sanciona que se lo repita en el futuro.

     

    ¿Ya le envió un ejemplar de su libro al presidente Obama, para que constate “las linduras” a las que en Guatemala ha contribuido la errática política exterior de los diversos gobiernos estadounidenses, tanto demócratas como republicanos?

     

    – No hace falta enviarle nada. Obama y yo éramos compañeros de la misma promoción de Harvard Law School; nos graduamos juntos en 1991. De hecho, Obama ya conoce mi política en cuanto a lo que usted se refiere.  El primer mes en Harvard, en 1988,  yo publiqué una nota en el periódico matutino, El Boston Globe, criticando a Harvard por haber recibido contrato con la AID para adiestrar a jueces guatemaltecos a impartir la ley. Me parecía estúpido porque los jueces guatemaltecos conocían perfectamente la ley, solo que no querían administrarla. Y por otra parte, el hecho de que Harvard Law School apoyara al sistema judicial en una Guatemala que todavía estaba a 8 años de firmar los Acuerdos de Paz llevaba un mensaje equivocado.

     

    En la fotografía de las pp. 74-75 hay un soldado que en los ojos tiene cuchillos para usted. ¿Qué hizo para que una atmósfera tan ominosa no la paralizara?

     

    – Los soldados no me daban miedo, solo algunos oficiales. Una vez que el comandante  había oficial o extraoficialmente aprobado tu estancia en equis lugar, los soldados no te prohibían nada. Es que todo era una estructura de clases. Yo, para el soldado en esa foto, era otra persona ladina llevando máquinas caras, y me había visto hablando con su superior. ¿Qué me iba a prohibir él?


    La mirada de la niña que está en la página 77, ¿se quedó triste para siempre?

     

    – No le sabría decir. La verdad es que yo sospecho que la vida de algunas personas en estas fotos fue, en algunos casos, menos dramática de lo que uno quisiera suponer. Claro que la situación en el Triángulo Ixil era horrible, pero hay que recordar también que, menos de cinco años después, Ríos Montt se había vuelto muy popular ahí.


    Según Walter Benjamin, “para Baudelaire el atractivo del daguerrotipo es sorprendente y cruel”, además de que en el daguerrotipo “hay algo de subversivo y aterrador”. Si después de leer, observar y escuchar “Guatemala: eterna primavera, eterna tiranía”, viniese alguien y le dijera que sus fotografías son subversivas, crueles y aterradoras, como piezas del daguerrotipo de Baudelaire, ¿quisiera tener la infinita paciencia de decirnos qué le respondería?

     

    – Primero, al tipo le daría las gracias por ser franco. A veces es un respiro de aire fresco.
    Segundo, en 1990, Gerald Marzorati publicó un libro sobre el proceso artístico del pintor Leon Golub, cuyas escenas de tortura y torturadores se hicieron famosas en la década de los ochenta. Conozco el libro porque se refiere a mis fotos y a las de dos otros fotógrafos cuyas fotos de Centro América son muy conocidas: Susan Meiselas y

     

    Harry Mattison. Acertadamente, dice Marzorati: “[Meiselas, Mattison and Simon]  pudieron trabajar en el presente, y lo hicieron bien. Sin embargo, lo que no lograron hacer era sacar fotos que representaran el poder: cómo funcionaba, [y] cómo funcionaba en la oscuridad”.

     

    Mis imágenes representan muy poco de lo que representaba la violencia estatal en la Guatemala de aquella época. Y si alguien se ofende con ese poquito… lo siento: que mejor abra un libro de cuentos de hadas.

     

    *La presentación de la edición popular de “Guatemala: Eterna primavera, eterna tiranía” de Jean Marie Simon se llevará a cabo el próximo miércoles 28 de marzo, a las 18:30 horas, en la librería Sophos, con comentarios de María Olga Paiz y la autora.

    JL Perdomo Orellana

    25 marzo 2012

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