El mundo está cambiando a velocidad luz. Ya nuestros recuerdos habitan en un mercado de antigüedades. El “homo digitalis” es ahora el amo y señor del conocimiento. Fíjese que se ha producido más información en las últimas tres décadas, que en dos mil años de historia. Se reemplaza la cultura escrita por la audiovisual, pantallas de todos los tamaños nos tienen a su servicio. Insólito, pero parece que la Enciclopedia Británica decidió abandonar el papel para ingresar al mundo del Internet. (Réquiem al papel).
Rodrigo Borja habla detalladamente sobre cómo la ambiciosa tecnología trae nuevas formas de organización social, nuevas culturas políticas, nuevas maneras de comunicación entre el líder y la masa (ya no hay tribunas para conectarse con el pueblo; ahora es el set audiovisual), nuevos sistemas de distribuir e intercambiar servicios, y hasta nuevas formas de amar. Los besos se esfuman. Todo gira en torno a la revolución electrónica. Revolución que contradice la decadencia de occidente. Occidente mantiene su poder hegemónico más vivo que nunca en función de sus intereses: control aéreo espacial, dueño del lenguaje digital y dueño de los secretos de la revolución biogenética.
Científicamente, hoy es posible hacer seres humanos. Desde el surgimiento del genoma humano, la historia de la humanidad cambió. Estamos muy cerca del instructivo para construir personas. Parece exagerado, pero no lo es. Estamos en la puerta de temas que tienen que ver con la ruptura de la individualidad humana, para pasar a otra era de peligros y acechanzas muy serios. Sin que nos hayamos percatado.
La concentración del saber científico y tecnológico está en pocas mentes. Parece increíble, pero se repiten los mismos principios disociadores e injustos de siempre. La revolución digital resulta ser un nuevo factor de polarización entre los informados y los desinformados, entre los conectados y los desconectados. Por su lado, la revolución biogenética nos conduce de nuevo a una clase dominante. Polarizarán, ya no por etnia ni condición social, sino por la calidad de genes, por ventajas físicas y mentales dominantes. Se propiciarán nuevas desigualdades. Mientras tanto, poco a poco se sustituye la inteligencia por la inmediatez; la personalidad por la imagen; la verdad por la apariencia; la sustancia por el estilo; el contenido por la envoltura; la tesis por los eslóganes. ¿Ciencia ficción? No lo creo.
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