El hombre originario de El Progreso perdió sus brazos y piernas debido a que fue atropellado por un tren en dos ocasiones.
Alfonso Rivas pide a las autoridades gubernamentales que tomen en cuenta su discapacidad, edad y precaria situación económica para ser incluido en el Programa de Apoyo Económico para personas de la tercera edad.
Rivas, de 64 años, reside en el barrio La Santa Cruz del municipio de El Jícaro, El Progreso, es padre de 6 hijos, abuelo de 14 nietos y 2 bisnietos, dice que cayó accidentalmente sobre la línea férrea que pasa frente a su vivienda y el tren le amputó sus extremidades pero dice con resignación que es la voluntad de Dios que pueda vivir para contarle a los jóvenes lo perjudicial que resulta beber licor o consumir drogas.
Su humilde habitación está atravesada por una hamaca de jarcia, a un costado un par de sillas de madera para quienes le visitan y al otro una silla de ruedas, frente a él una pequeña mesa de metal sobre la cual se encuentra un antiguo y pequeño televisor y periódicos, ya que dice que le gusta estar informado de lo que acontece en el país.
Al preguntarle respecto de la causa que le provocó los accidentes, relata que fue a consecuencia de beber licor y creer que por ser joven “el mundo le pertenecía”. “Ningún vicio o consumo de drogas es bueno”, dice enfáticamente al recordar que él tuvo más de una oportunidad para corregir sus errores.
Recuerda que cuando tenía 20 años por primera vez, borracho, cayó sobre los rieles del tren y este le amputó el brazo derecho y cuando tenía 42 la historia se repitió, esta vez perdió el brazo izquierdo y las dos piernas.
Su esposa lo abandonó hace 18 años dice, pero junto a su habitación tres de sus hijos han construido sus viviendas y tienen sus propias familias. Ellos lo alimentan y atienden. Dora Yaneth Rivas Marroquín lo cuida a pesar de que sufre de epilepsia. Sin embargo relata que carece de recursos para ayudar a su sostenimiento en el hogar que está integrado por personas de escasos recursos económicos.
Asegura que disfruta de la compañía de sus nietos y bisnietos cuando le visitan y los extraña cuando no sucede porque son muy cariñosos con él, pasa los días leyendo noticias y la ‘Biblia’, recibe estudio bíblico de los miembros de la iglesia de Testigos de Jehová.
Dice con orgullo haber sido campesino que trabajó en los tabacales, en el cultivo de tomate, chile dulce y maíz, en la época que le pagaban 50 centavos por un día de trabajo, También fue patrullero en la cabecera municipal de El Jícaro y comunidades aledañas, función que está documentada pero a la fecha no le han brindado ningún resarcimiento a pesar de las gestiones realizadas.
Le preocupa el alto grado de violencia que vive el país, así como el avance de la pobreza, por lo que pide el presidente Otto Pérez Molina que accione contra estos flagelos sociales, para lo cual él cree que debe hacer valer la justicia, evitar la impunidad, la corrupción y brindar oportunidades de empleo.
“A mí la tristeza no me domina, tengo a Dios en mi corazón, solo quisiera que los jóvenes conozcan mi ejemplo para corregir sus malos pasos . Le suplico al presidente Otto Pérez Molina que me incluya en el Programa de ayuda para el Adulto Mayor”, solicita.
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