Viendo las noticias el miércoles por la noche, noté con entusiasmo el inicio del esfuerzo “Todos tenemos algo que dar”, el cual convoca a jóvenes para que convivan con familias desnutridas; el lanzamiento mercadológico todo un éxito… pero existió un pequeño-gran detalle que me causó desazón y me olió a demagogia; fue escuchar el encargado de la SESAN decir casi textualmente: “Queremos formar un grupo comprometido que reaccione ante brotes de desnutrición aguda y desnutrición crónica”… afirmación que demuestra falta de conocimiento del monstruoso problema de la desnutrición crónica infantil que nos ubica –como nación– a la zaga de toda Latinoamérica y en tercer lugar a nivel mundial, por debajo –solamente– de Yemen y Afganistán; además nos vende al mundo como un país indiferente ante el desperdicio de lo más valioso… la vida y el talento humano.
Celebro todo esfuerzo que tienda por erradicar la vergonzosa desnutrición crónica de nuestra tierra; un mal que avasalla a la mitad de nuestros niños menores de cinco años, sometiéndolos a una muerte en vida… convirtiéndolos en una subespecie, destinada a vender artesanías y salir en postales. Niños que luego son jóvenes ineptos para el aprendizaje por poseer un cerebro subdesarrollado que debió formarse durante los primeros cinco años de vida… pero no lo logró por la pésima ingesta. La solución al problema implica compromiso como prioridad uno –no dos ni tres ni quince– de parte del gobierno; también visión de largo plazo, educación a la madre, en temas de higiene, alimentación y control de talla y peso de sus pequeños; además políticas de salubridad públicas que terminen con las recurrentes infecciones que matan a miles de niños desnutridos crónicos.
El principio de toda lucha es conceptual, se tendrá éxito si se conoce la dimensión del problema y su naturaleza. Por ello que me causó infausta sorpresa ver que “el líder” del esfuerzo se refiere a “brotes” de desnutrición crónica. Este concepto, señor Monterroso, es correcto solo en la desnutrición aguda que surge –cíclica o eventualmente– como consecuencia de falta de alimentos, por sequía y otros motivos… pero un mal crónico no admite “brotes”. La desnutrición crónica infantil que no se traduce en niños cadavéricos, sino en niños de talla y peso no acorde a su edad que hasta pueden lucir “gorditos”… ha estado en nuestro país –más o menos en los mismos niveles– durante décadas… porque es “crónico”, término que explica algo “habitual”… un padecimiento perenne y casi invisible. El tema es menester abordarlo con seriedad, para que la cosa no quede –como siempre– en “Mucho ruido y pocas nueces”. ¿Y usted qué hace dirán mis críticos? Todo lo que mi conciencia me dicta… pero no voy a publicarlo, estoy persuadido que usted –estimado lector– y yo, teniendo el privilegio de contar con un cerebro normal, estamos en deuda con el millón de nuestros niños desnutridos crónicos y en riesgo de quedar descerebrados . ¡Piénselo!
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