Hace unos veinte años Uli Stelzner (Alemania) vino a Guatemala como estudiante para cuestionar la desaparición de universitarios en 1989 al gobierno de Vinicio Cerezo. Desde entonces, el cineasta ha filmado en el país varios documentales.
¿En qué se diferencia esta edición de las anteriores?
–A nivel logístico podemos decir que estamos por primera vez en el cine, que es el lugar más adecuado para las proyecciones. En cuanto a contenido no mucho, seguimos con un enfoque temático que este año es “Tierra y Recursos Naturales”. Abrimos una nueva sección que es Cine 15+, en la cual ofrecemos a los estudiantes de colegios e institutos una selección del programa en las mañanas. Por primera vez nos abrimos al género de ficción: estrenaremos un melodrama de 1962 producido en la extinta RDA, que toca a través de una historia de amor los acontecimientos de 1954 en Guatemala.
¿Qué es el “buen vivir” en que se enfoca esta muestra?
– El “buen vivir” apareció como un nuevo término en las Constituciones de Bolivia y Ecuador, impulsado por la masiva participación de los pueblos originarios en estos países. Lo que pretende es vivir en comunidad, en hermandad, y especialmente en complementariedad con todos los seres. Donde no haya explotados ni explotadores, donde no haya excluidos ni quienes excluyan, donde no haya marginados ni marginadores.
¿Qué puede hacer el cine por ese buen vivir?
– Desde que el cine acompaña al ser humano, se ha consolidado como vehículo o recurso eficaz para la reinvención incesante de la vida. Incide en la construcción de la “memoria”, la “identidad” de los individuos y pueblos, en la conciencia y la imagen que la población tiene de su pasado, de sí misma en el presente. El cine puede producir rabia o alegría, puede devolver el amor por la vida a quienes lo perdieron en el camino, es un recurso de reflexión sobre la realidad propia y ajena. En un contexto de Guatemala, ajena durante muchas décadas de nuevas ideas y reflexiones, cuya memoria histórica le fue negada en muchos aspectos, donde el silencio no permitía abrirse, el cine sí cumple una función esencialmente renovadora, democrática y liberadora.
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