Ahora Harold nos mete en un lío que le costará al país una bicoca de unos Q200 o Q300 millones.
Harold, a quien algunos idealizaron y desde la llanura descalificaba –cual demagogo– al ahora presidente y también protagonizó –convenientes– arrumacos y alejamientos con otros políticos, como Nineth, Quique y Adela, se conformó con ser un improvisado canciller… aunque parece sentirse mucho más a gusto, como chambelán del presidente, arrimándosele cada vez que puede… como en la infructuosa “Cumbre de las Américas”. Sus yerros –antes del acuerdo con su homólogo beliceño Wilfred Elrington– no habían pasado de dejar en entredicho el “poder de convocatoria” del presidente Pérez, evidenciado en el entuerto denominado “Cumbre de Antigua” que mostró más ausencias que asistencias.
Ahora Harold –con triste bendición presidencial– nos mete en un lío que le costará al país la bicoca de unos doscientos o trescientos millones de quetzales, con motivo de una innecesaria “consulta popular” a realizarse en octubre del año 2013. Los ciudadanos beliceños y chapines, deberán “decidir”, si la Corte Internacional de Justicia interviene o no en el diferendo. Según lo acordado –por los cancilleres no por los ciudadanos que mantienen a éstos burócratas– es suficiente que un país diga no… para que el asunto quede soterrado y la Corte Internacional no tenga nada más que hacer al respecto. ¿Adivine usted qué pasará? Lo previsible es que Guatemala dirá sí… y Belice no, porque ¿Qué interés pueden tener los beliceños en que el tema se resuelva? Ninguno… de modo que no se resolverá y punto.
Aunque algunos medios dieron generosa cobertura al “logro” del canciller guatemalteco, la verdad no es tal cosa; no existe beneficio alguno para Guatemala, sino –todo lo contrario– solamente un compromiso que raya en lo ridículo y además es oneroso… como dirían los patojos “se babosearon a Harold”… pero lamentablemente no será él quien pague la obscena factura… sino nosotros, mediante más impuestos o –eventualmente– nuestros hijos y nietos, porque no sería raro que “la solución estratégica” del gobierno “patriotista”, resulte en “el pacto popular Belice” y nos enjaranen con más deuda soberana. Pero la consulta popular también podría colar ¿por qué no? algunos otros temas convenientes para el continuismo y la corrupción; podría incluir de todo… menos los temas torales que aquejan y sofocan a los guatemaltecos.
Cuando niños estudiamos sobre mapas con la leyenda “Belice es Nuestro”… aprendimos después –con decepción– que no era así… nos engañaron. Notamos luego, sempiternos problemas mayúsculos, los que los politiqueros infaltablemente timadores… soslayan; por ejemplo: ¿Es Petén nuestro?, ¿Son los ríos y lagos nuestros o alcantarillas y cloacas de algunos?, ¿Tenemos algún dejo de soberanía cuando muchos foráneos –incluidos beliceños– matan a nuestros compatriotas y quedan impunes? ¿No tendrían mejor destino los trescientos millones que propone tirar Harold, en combatir la desnutrición crónica, la impunidad e inseguridad que cobran vidas todos los días? ¡Piénselo!
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