El secretario de la Paz, Antonio Arenales Forno, ha tenido una actuación vergonzosa para el país. Es cierto que él responde a los intereses y dictados de exmilitares, pero la Sepaz le ha quedado muy grande. Niega ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que en el país se haya cometido genocidio. Él no podría estar seguro de eso, porque son delitos que todavía se ventilan en los tribunales guatemaltecos. Y, además, le pidió a la CIDH que no conozca las demandas que se han interpuesto en esa instancia contra el Estado guatemalteco. El gobierno de Otto Pérez nunca ha tenido mucha aceptación internacional, y la actuación de Arenales lo perjudica más. Por supuesto que el Estado y sus agentes tienen derecho a defenderse de las acusaciones que les hagan, pero no a obstruir la búsqueda de justicia, porque eso también es un delito. Todas sus acciones relacionadas con el tema de la paz parecen ir en ese sentido.
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