Su cualidad más notable ha sido la de comprender su contexto e interpretar su entorno.
La Cerve, como le decimos a la Cervecería Centroamericana todos los que la queremos y respetamos, ha venido celebrando como es debido sus 125 años exitosos de existencia. Es impresionante e insólito, que en este país donde prevalece la ausencia de institucionalidad, una sociedad fragmentada y dividida, desconfianza entre y dentro de los diferentes sectores y grupos sociales, donde no existe un clima de respeto y de confianza y la descalificación y el rumor son la norma, donde no existe un contrato social implícito de Nación y las familias se pelean hasta por la no herencia, haya sobrevivido vigorosa, sólida y llena de futuro, lista para sus siguientes 125 años la Cervecería Centroamericana.
¿Qué hizo esta empresa, buque insignia e icono regional para lograr esta epopeya? ¿Qué la hace digna de caso de estudio? ¿Cuáles son los secretos que explican su éxito?
Los fundadores tuvieron un gran espíritu empresarial, coraje, audacia y fueron intrépidos. Saltaron al vacío, impulsando un proyecto cuyo eje era un producto –la cerveza– que en esos días, era un producto sustituto de otros, que eran los predominantes en el mercado. Mercado, que además era insignificante y lo abordaron con inversiones modestas.
Desarrollaron una visión de largo plazo, grandes capacidades estratégicas y habilidades y destrezas administrativas. Practicaron la disciplina, la tenacidad y la consistencia. Establecieron compromiso profundo con la institucionalidad familiar, con la formación agresiva de capital humano, la tecnología de punta y la calidad.
Sus inicios fueron artesanales pero muy rápidamente se industrializaron, buscando constantemente, desde el origen de la empresa hasta la fecha, tecnologías innovadoras y conocimiento y educación de vanguardia.
Posiblemente, la cualidad o atributo más notable del grupo de la Cervecería y de la familia Castillo, ha sido su capacidad sin parangón para comprender, interpretar y entender su contexto, su entorno, su medio ambiente, lo que les ha permitido superar desde cambios tecnológicos, culturales, cambios en el ambiente competitivo, cambios científicos, hasta cambios políticos no programados, golpes de Estado, revoluciones, transformaciones políticas, dictaduras, revueltas populares, inestabilidad política, incertidumbre económica, políticas fiscales, monetarias, cambiarias y crediticias expansionistas o severamente restrictivas, desórdenes monetarios, procesos inflacionarios y devaluaciones, estancamientos y decrecimientos económicos, represión, guerra local y guerras mundiales, la gran depresión, violencia, terremotos y desastres naturales.
Más recientemente, la globalización de la economía y la política, la era de la información, los efectos del cambio climático y el crimen organizado.
Las nuevas generaciones han sabido responder al legado, inquietudes y desafíos de los fundadores y han mantenido su profundo compromiso con la tecnología de punta en todos los procesos, la formación agresiva de capital humano, calidad mundial en su producción, orientación y subordinación al consumidor, y, en las últimas décadas, eficiencia en la utilización de la energía y la salvaguarda del medio ambiente.
Todo esto en su conjunto, ha sido propicio, para la consolidación de lo que hoy es Cervecería Centroamericana: una corporación diversificada, con una sólida estrategia de expansión en los mercados internacionales.
Con realidades concretas, Cervecería ha mostrado que es un ciudadano corporativo responsable, consciente de los problemas y desafíos de Guatemala, y, en la medida de sus posibilidades, los ha abordado con propiedad y pertinencia. Su enfoque se ha centrado en enfrentar el hambre y la desnutrición, la falta de salud y educación y el apoyo al deporte. Después del terremoto de 1976, Cervecería se hizo responsable de la reconstrucción de San Martín Jilotepeque y estuvieron a cargo Stuardo Sinibaldi y Édgar –Cush– Castillo. Ahora el grupo cervecero ha tomado la responsabilidad de la nutrición y el desarrollo productivo de Tzununá, en Santa Cruz La Laguna, en Atitlán, Sololá.
Este espacio se queda corto para hablar en detalle de una organización de 125 años de edad. Sin embargo, no puedo pasar por alto la oportunidad, para presentar mis más altas muestras de reconocimiento y amistad, a Jorge, Cush, Stuardo, Ramiro, Ramirito, José Jorge, Guayo, Guayito, Tallo, Pato, Arturo, Nayo, Raúl, Flavio, Toriche, Fico, Juan, Choy, Kim, Elisita, Márgara, Lucía, todos dignos descendientes de Mariano y Rafael Castillo Córdoba.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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