Temp. actual

clima
24°C

Prob. de lluvia

lluvia
80%

Compra

  • 7.68
  • dolar

    Venta

  • 7.86
  • logoep

    Guatemala, martes 24 de julio de 2012

    facebook twitter youtube instagram mail rss

    País

    Descuartizó a su amigo y lo escondió en un pozo

    Foto:

    No lo delataron los rastros del crimen, sino la culpa. 

    Estaba muerto, no había duda. El primer disparo le había arrancado el brazo, los otros seis tiros, la vida. Vio el cuerpo tendido de su amigo en el patio trasero de la casa y lo primero que pensó fue que tenía que deshacerse del carro, para que nadie supiera que Paul Eduardo Siliézar Gómez había estado ahí. 

     

    José Morales salió del residencial Lomas de San Rafael, en el kilómetro 16.5 de la carretera a El Salvador, y se dirigió a Pradera Concepción. Las cámaras del centro comercial solo registraron a un hombre con capucha que abandonó el automóvil. José volvió a su casa. El muerto seguía ahí, boca abajo. Se refugió en su cuarto y al mediodía lo tenía resuelto. “Tengo que moverlo”, pensó. 

     

    Intentó levantar a Paul y tirarlo en el pozo, detrás de su casa, un agujero de 20 metros de profundidad que ya estaba seco. José no pudo con el peso. Paul era un joven robusto, que rozaba los 30 años y medía 1.90 metros. Cuando trató de levantarlo por el pecho tuvo que devolverlo al suelo. Fue ahí cuando se le ocurrió cortarlo en pedazos. 

     

    José David Morales Minervini, un maestro de música de 25 años, narró ayer cómo consiguió que Paul entrara en el pozo. Lo contó durante una audiencia de primera declaración en el Juzgado Segundo Penal, 2 días después de que se entregó voluntariamente y de que los medios dijeran que había guardado un cuerpo 3 años en un congelador y que lo había matado a escopetazos. No era cierto. José mató a su amigo con una pistola calibre 3.80 y después de destazarlo lo lanzó directo al pozo, cubrió el agujero con un tapadera de metal, se bañó, lavó el patio y se fue a dormir. Cuando sus padres llegaron a la casa no notaron nada. Y así convivieron con los restos de un joven, al que su familia buscaba afanosamente, y cuya desaparición nunca fue investigada. Hasta que los amigos de José lo delataron. 

     

    Por una moto

     

    José y Paul eran amigos, iban a la misma iglesia protestante en la colonia Santa Fe, zona 13. Según José, Paul traía vehículos rodados de EE.UU. En 2007 le encargó una moto. Paul le ofreció una Ducati por Q50 mil. José le abonó Q2 mil y le adelantó dinero, durante 2 años, hasta que sumaron más de Q25 mil. Pero la moto seguía sin llegar. 

     

    El 3 de agosto de 2009, Paul llegó a la casa de José a pedir otro anticipo. Quería Q2 mil más. José se negó. Su amigo se descubrió el cinto, mostró una pistola y le advirtió que “no estaba bromeando”. Entonces José llevó la mano a su bolsillo y sacó su 3.80. 

     

    Según narró ayer, está acostumbrado a disparar. Tiene registradas una escopeta y dos pistolas, y las usa a menudo porque en su casa hay muchas gatas y él ahuyenta a los machos a puros tiros, de la misma forma que se quitó de encima a su amigo, aquel día. 

     

    El primer disparo le desprendió el brazo a Paul, contó. Al ver la extremidad apartada del cuerpo, dejó ir los otros seis tiros en la espalda del amigo. “Yo no quería matarlo, solo quería defenderme”, aseguró ayer en el juzgado. El miedo lo cundió. Le atemorizaba que su familia y sus amigos supieran lo que había hecho. 

     

    Cuando decidió que tenía que mover a Paul, tomó un cuchillo de cocina muy filoso, pero corto, y se desvistió, para no manchar su ropa. Empezó por el estómago. Con dificultad cortó las piernas y el brazo y, finalmente, la cabeza. Envolvió todas las partes en sábanas y las dejó ir en el agujero seco. 

     

    El olor nunca delató el crimen de José, fue la culpa. Esa semana, el joven optó por contarle lo ocurrido al pastor de su iglesia y a tres amigos. Tres años pasaron y todos se tragaron la confidencia, hasta que este año vino de EE.UU. el fundador de la iglesia, se enteró de lo ocurrido y obligó a su pastor a actuar. El religioso, a su vez, orilló a los amigos de José a que le sacaran la confesión. Los muchachos se la grabaron a escondidas y lo delataron ante el Ministerio Público. Al enterarse de la denuncia, el padre de José fue con el fiscal y dijo que tenía idea de que en su casa había un cuerpo y pedía que investigaran. 

     

    El sábado pasado, el fiscal auxiliar descendió al pozo y corroboró las versiones. Horas después, José se entregó voluntariamente al juzgado de turno. Llegaba, dijo, porque quería limpiar su conciencia. 

    Por Jerson Ramos jramos@elperiodico.com.gt

    24 julio 2014

    COMENTARIOS
    Reglas para comentar en el foro

    Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente. Se prohíben mensajes que contengan:

  • Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
  • Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
  • Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
  • Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine

  • Mensajes de contenido pornográfico
  • Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
  • Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.

    Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.



    Agregar su comentario
    comments powered by Disqus
    PARA LEER
    OPINION
    JOTA C

    Marca Registrada © Aldea Global, S.A. (elPeriódico)

    AYUDA

    NUESTRA REDACCIÓN

    CONTACTO

    AVISO LEGAL

    15 avenida 24-51 zona 13, Guatemala, Guatemala PBX: (502) 2427-2300