El Canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció que “en las próximas horas ya se estará entregando en Washington, en la oficina de la Secretaría General (de la OEA) el documento oficial de denuncia de la Convención Interamericana”. “Es lamentable haber tenido que dar este paso, pero Venezuela se ha visto obligada, dadas las decisiones aberrantes y abusivas que se han tomado contra nuestro país durante diez años”, agregó Maduro
Esta es la respuesta del Gobierno venezolano a la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José, Costa Rica, por medio de la cual se condena al Estado de Venezuela por la violación del derecho a la integridad personal de Raúl Díaz Peña, sindicado de terrorismo por el régimen chavista, durante su encarcelamiento en Venezuela.
“Ningún país de Europa ni Estados Unidos aceptaría que la CIDH protegiera a un terrorista”, expresó Maduro.
El Canciller Maduro también afirmó que “la Comisión (CIDH) reconoció a los golpistas (en abril de 2002) y negó el apoyo al presidente Hugo Chávez, a partir de ahí se inició una serie de acciones que convirtieron a la Comisión y a la Corte (Interamericana de DD.HH.) en instrumentos de desestabilización”.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos (DD.HH.), además de consagrar los DD.HH. fundamentales, instituye la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con la finalidad de proteger y defender los DD.HH. en el Continente Americano. En dicha Corte se juzga y condena a los Estados miembros de la Convención por la violación a los DD.HH.
Sin duda, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH), cuyos pilares son la CIDH y la referida Corte, se ha convertido en la última trinchera en la protección y defensa de los derechos humanos en el hemisferio, y ha impedido muchas arbitrariedades y abusos de parte de Gobiernos intolerantes y abusadores.
En los últimos tiempos se ha venido conspirando contra el SIDH, para debilitarlo y suprimirlo, sobre todo de parte de regímenes de corte populista autoritario, que se resisten a ser cuestionados por no respetar y violar los derechos humanos de sus ciudadanos. La desaparición del SIDH supondría la pérdida del principal baluarte de protección y defensa de los DD.HH.
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