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    Guatemala, domingo 05 de agosto de 2012

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    DOMINGO

    La obsesión de Joaquín Orellana

    Quería ser químico, pero a los 15 años provocó una explosión que pudo acabar con la casa de sus abuelos, donde vivía con sus padres. No más experimentos, le ordenó su abuelo. Pero no importaba, el ritmo pudo más, porque, como él dice, cumplía “la función liberadora de expulsar la música”.

    Joaquín, este es su año, ¿cómo se siente?

     

    – El hecho de ser objeto de un homenaje es algo especial, no diré que culminante, pero sí muy especial. El que una plaza de la ciudad lleve mi nombre es algo que me llena y que he agradecido de muchas formas. Se dio el asunto fortuito de que en la cuchilla que divide las avenidas Candelaria y San José, donde ahora está una gasolinera, la casa de mis abuelos maternos abarcaba la mitad de ese espacio. Mis papás estaban en problemas, y parte de mi segunda infancia la vivimos en ese caserón con mis abuelos, que quedó muy metido en mi memoria y en el aspecto afectivo. Allí se fraguaron muchas de las manifestaciones artísticas que ya venían abriéndose paso.

     

    ¿Como la creación de sus útiles sonoros?

     

    – No, eso fue muy posterior. Por entonces empecé a inventar diseños melódicos con el poco solfeo que había conocido en el colegio San Sebastián –tenía entre 9 y 11 años. Se fueron canalizando cierto tipo de obsesiones como el ritmo, siempre estaba tamborileando algo reiterativo.

     

    ¿Con los dedos?

     

    –Con los dedos, con los pies, cuando estaba nervioso (guarda silencio, zapatea siguiendo un ritmo). Siempre era así, un ritmo métrico, repetitivo, hasta que mi mamá me decía “cállate” (ríe). Después se canalizó la obsesión por el diseño melódico. Vivía poniéndole sonsonetes a los letreros en la calle.

     

    ¿Para usted todo tenía un sonido?

     

    – No tenía; yo lo resolvía en sonido: un cuadro que me impresionaba, las facciones afiladas de alguien… en el asilo Santa María, cuando murió una religiosa y la velaron, me fijé en su perfil bien recortado, la palidez… ¡yo quería poner ese rostro en sonido! Me di cuenta que lo que yo hacía con el sonido, ya fuera componer normalmente en cuanto a estructura u organicidad, siempre partió de un deseo de expulsar esas obsesiones.

     

    ¿La letra estuvo entre esas obsesiones?

     

    – Todo era muy abstracto en un principio, ya más tarde con una formación académica, incipiente entonces, ya hice canciones tipo lid con poemas de Leonor Paz y Paz. Me fui haciendo un poco clásico, digamos, a pesar de que siempre estuvo presente el aspecto de la profundidad de sentimientos.

     

    ¿Cómo lo entienden o interpretan los demás?

     

    – Paulo Alvarado va a estrenar una “obrita” mía del pasado, pero que la actualicé. “Ah, este es el Orellana Llorón”, me dijo Paulo. En realidad Dieter Lehnhoff lo captó en muchas cosas, como un flujo nostálgico de la infancia, en obras de tipo electroacústico como en Humanofonía. Según el crítico uruguayo Julio Novoa, Humanofonía expresa una profunda piedad por lo humano. Incluso dijo que evocaba las cárceles del pintor Piranesi, por su sombría visión arquitectónica del universo.

     

    Esas son voces especializadas, pero, ¿qué piensa un escucha común?

     

    – Imposible a la X es una obra electroacústica que viene a ser como una Humanofonía mayor, es una obra que está en lo posible de todo esteticismo adornante para que el mensaje esté descarnado. Imposible a la X ha sido muy impactante, persigue concienciar acerca de las atrocidades cometidas con la exagerada represión, asimismo Sacratávica –una obra para coro mixto–, la utilería sonora y la marimba que intervienen.

     

    ¿Qué relación tiene su música con la política?

     

    – María Alejandra Privado captó precisamente eso en su tesis de Socióloga en 2009, se dio cuenta de que ese era el derrotero ancho en el que yo producía, la música ideológica e idealista.

     

    ¿Le provocaba enfado o una emoción más fuerte lo que veía?

     

    – Lo que pasa es que la sensibilidad social se va despertando por muy ajeno que un capitalino fuera a las atrocidades cometidas por el Ejército. De pronto la sensibilidad se va afinando y llega el momento en que uno llega a sentir que los masacrados son sus hermanos. No es una postura ni una pose. Esas obras no son pancarta ni denuncia, la sensibilidad social herida provoca acontecimientos internos. Hubo gente que confundió un poco el asunto y me endilgaron “Orellana, músico político” o “compositor político”. Para nada, porque no tuve ninguna función activista.

     

    Dice que el capitalino es ajeno, ¿o indiferente?

     

    – La indiferencia puede surgir de muchas fuentes, generalmente el capitalino es flotante y las nuevas generaciones, como no las han instruido en su historia, pues... El sociólogo tiene el cometido muy importante de hacer que la historia no sufra una amnesia programada, porque a los autores de esas crueldades de lesa humanidad les interesa que se genere el olvido.

     

    Han aparecido artículos donde se niega que hubo genocidio, se niega desde un punto de vista teórico: genocidio es solo si se aniquila a un etnia completa o una secta religiosa completa. ¿Para qué teorizar si hubo o no hubo genocidio? Hubo crímenes de lesa humanidad horrendos, ¡aberrantes! Eso me choca de los teóricos. Mi derrotero ancho es la música ideológica e idealista, se pasa desde luego a las consideraciones racionales de los diferentes estados de los errores más grandes de la humanidad en cuanto a la crueldad extrema.

     

    ¿Idealista?

     

    – Idealizar algo se refiere a elevar a cierto pedestal de categoría de su ser que lo define como valor. Por ejemplo, la saturación con las piezas de marimba que se oyen a toda hora en una radio diariamente es tal que, de tanto oírlas, ya nadie las escucha. Ramajes de una Marimba Imaginaria es una idealización de la marimba, no es la marimba fantástica como la han titulado algunas veces. Idealizar, en cierto modo, es establecer una dialéctica entre la marimba que se bifurca hacia otras formas de articulación sonora, y las piezas regionales que las sitúan en su efectivo común.

     

    ¿Qué significan los títulos de sus obras, como “Imposible a la X”?

     

    – Es lo que yo me pregunto (ríe). Le puse Imposible a la X pensando en que la paz es imposible a la X potencia. Híbrido a presión por una circunstancia de presión que hizo la obra un hibridismo. Leyendo en una entrevista entre Jorge Luis Borges y Ernesto Sábado, en la que ellos dialogaron acerca de la importancia de los títulos: “si de veras es compendioso de la obra, el título puede ser la metáfora esencial”. A mí me parece que los títulos, en cuanto a lo que yo he hecho, son precisamente una alusión al compendio del contenido de tal o cual obra. Hay muchas cosas que uno las hace por intuición, la mente arroja una posibilidad que de momento uno no la puede dilucidar o verla de un modo concreto.

     

    Joaquín, ¿a qué dedica sus días?

     

    – Aparte de visitar bares (ríe), sigo fraguando cosas. Para toda esta utilería sonora (mira a su alrededor en el salón debajo del escenario de la Gran Sala del Teatro Nacional), desde hace unos quince o más años, tengo la idea de que conforme el Gran Salón de la Multifonía. La idea es que estén en un gran salón rectangular o elíptico, cerca de las paredes, y que estén sonando solos.

     

    ¿Solos?

     

    – Sí, por procedimientos electromecánicos y por una obra, que sería comandada por sistema digital, que esté sonando una obra cíclica. Pero se necesita mucho dinero y del concurso de diseñadores, expertos en robótica… se necesita de un presupuesto grande, como de un millón y medio de quetzales.

     

    ¿Cuántos útiles sonoros son?

     

    – Siempre me sorprenden con esa pregunta, y me he inhibido de contarlos, pero son como cincuenta.

     

    ¿Cuál diría que es el estado de la música en Guatemala?

     

    – En el aspecto de la creatividad y del punto de vista académico, uno de los músicos más importantes es Jorge Sarmientos. Él ha escrito para orquesta sinfónica, para marimba, para piano, para cuarteto de cuerdas. Sarmientos es un compositor muy hábil para la estructura compositiva y también para orquestación. Por otro lado está Enrique Anleu Díaz; ha compuesto bien para orquesta. También los hermanos David e Igor de Gandarias. Y últimamente el que ha estado descollando es Paulo Alvarado. Él es un compositor muy intuitivo y se ha ido haciendo de una técnica.

     

    En cuanto a la apreciación y al consenso, no nos olvidemos que en nuestras provincias de Centroamérica cunde el analfabetismo cultural. Por otro lado hay estratos socialmente cultos que están muy refundidos en lo tradicional, y lo tradicional no tiene nada de malo, el problema es cuando lo tradicional se vuelve alienante.

     

    Ahora, viéndolo desde otro punto de vista, los compositores padecemos cierta soledad provocada por el exceso de farándula o de pop. Una cosa es la expresión musical y otra el pensamiento musical. Cuando Bach, por poner un ejemplo, creaba un tema, lo captaba cualquiera; pero cuando él elabora y elabora y elabora ese tema y ponía una melodía contra otra, allí él estaba en el pensamiento musical. Allí ya no puede seguirlo un escucha común.

     

    Pero no estoy desvalorizando lo popular, tan arte es uno como el otro; de lo que estoy hablando es de diferencias y de exageraciones de lo popular en cuanto a la promoción de lo mediocre.

     

    ¿Cree que las nuevas generaciones desarrollen ese pensamiento musical?

     

    – Las nuevas generaciones han ido respondiendo cada vez más con su sensibilidad más abierta a otras manifestaciones musicales. Hace unas tres décadas, o más, hubo muchos escuchas varados en el clasicismo y romanticismo. Por un tiempo estuve rodeado de gente así, incluso tuve detractores. Era como querer preservar por defensa cosas que tienen impresas en el alma.

     

    La labor de difusión de Paulo Alvarado ha ayudado mucho, ha montado obras mías, ofrecido conferencias y conversatorios que han ido sensibilizando. Hay un compositor nobel con mucho talento, Áxel Avendaño, él ya quiere componer algo incluyendo mis útiles sonoros. En Costa Rica me pidieron una duplicación de los mismos y echaron a andar un concierto en julio.

     

    Algunos no llegan a ver cuando su obra es apreciada, admirada, usted sí.

     

    – Es una dicha que a mí me llegó sin que yo buscara nada, como la plaza con mi nombre, los homenajes, lo de Costa Rica. Eso a mí no me envanece, la vanidad es un sentimiento espurio. Lo que me da es una satisfacción muy grande porque generalmente un monumento se le hace a alguien después de muerto.

     

    ¿Todavía lo obsesiona la música?

     

    – Sí, mire, me apasionaba, seguía siendo la función de liberarme, de expulsar la música. Me apasiona porque una obsesión incide en la mente y eso se vuelve pasional.

    Mirja Valdés

    5 agosto 2012

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