La historia de los casos de corrupción fomentada por compañías transnacionales en Guatemala están estrechamente ligados con gobernantes y grupos de poder que, en su momento, una transnacional les endulzó los oídos y les agrandó los bolsillos de por vida convirtiéndolos en beneficiarios y partícipes de las ganancias de los negocios que, a base de cederles privilegios en la explotación de nuestros recursos naturales y monopolios, han enriquecido a más de un centenar de políticos de turno.
Desde tiempos de Miguel Ydígoras Fuentes, cuando se cedió a compañías extranjeras la explotación del camarón, seguida por otras que explotan nuestros recursos marítimos en la pesca del atún, que todavía no terminan, no ha parado esa perversa fiebre gubernamental de seguir concesionando nuestros recursos naturales y los bienes del Estado de Guatemala, que no ha creado ni construido algún partido gobernante de turno.
Así se inició la más solapada corrupción de la que hasta hoy, ni el Ministerio de Finanzas ni el Banco de Guatemala, dan a conocer públicamente los réditos y grandes beneficios por la entrega de nuestro patrimonio a extranjeros.
Lo único claro que tenemos, con el pasar de los años, es que poco a poco van saliendo a luz las impresionantes y rápidas fortunas de exgobernantes, exministros y exdiputados, que ahora sorprenden porque son afortunados accionistas de líneas aéreas, petroleras, compañías telefónicas, constructoras de carreteras y monopólicas importadoras, para citar unos cuantos ejemplos.
El caso de la concesión a la empresa española Terminal de Contenedores de Barcelona (TCB), debe convertirse en el ejemplo preciso y oportuno para que el gobernante reflexione y escuche a todas las voces que le están diciendo que se trata de un negocio oscuro, por el ingrato papel que ha desempeñado un burócrata interventor que, sin duda, solo está siendo utilizado por los astutos y verdaderos beneficiados con tan desventajosa negociación.
Si Jorge Serrano entregó Belice, Álvaro Arzú vendió Guatel, que era una empresa nacional que sí daba réditos; y Óscar Berger y Álvaro Colom entregaron playas y montañas, por décadas, para explotación minera, no podemos aceptar que el presente gobierno resuelva un tema de incapacidad burocrática, como debe entenderse el buen funcionamiento de un puerto, comenzando a parcelar terrenos para darle los mayores y jugosos beneficios económicos a otra transnacional, cuyos auténticos beneficiados desconocemos.
Lo que sí esperamos es que revise todas las concesiones y contratos que sus antecesores han firmado, para que nos enteremos de quiénes nos benefician y quiénes hacen fiesta con bienes que pertenecen a todos y no son patrimonio ni de los políticos de turno ni de las compañías tan gamonalmente beneficiadas. Le rogamos que se desempeñe como el Presidente del Estado de Guatemala que vela por el bien común y no le hace el juego al despojo de lo poco libre y bueno que nos queda.
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