Tras fallar repetidas veces en su intento de construir un dique de aguas, el ingeniero tira la toalla y se va. Seis meses más tarde vuelve y se topa con la obra ya terminada.
“¿Quién lo hizo?”, le pregunta a un aldeano analfabeta. “La comunidad”, responde. “¿Y cómo lo lograron?”. El paisano le contesta: “Es que nosotros, como no sabemos, tenemos que pensar”. ¿Educación anárquica? Nada de eso. Es sólo que el supuesto ‘orden’ existente nos tiene de cabeza y, entonces, lo que procede es inventar otros órdenes posibles. Célebre por haber descubierto la inducción electromagnética, el experimentador Michael Faraday, uno de los grandes fundadores de la física moderna, sólo llegó a terminar la escuela primaria y aprendió poca matemática. “Mi educación fue bastante corriente”, solía decir. “Abarcó poco más que los rudimentos de la lectura, la escritura y la aritmética. Pasaba mis horas libres en casa y en las calles”. Su escaso dominio teórico contribuyó a potenciar esa prodigiosa inspiración en virtud de la cual llegó a desarrollar un concepto simple, no matemático, para explicar los fenómenos naturales.
Destaca Marshall McLuhan: “Este hombre tenía dos virtudes que compensaban con exceso su deficiente instrucción: una intuición fantástica, e independencia y originalidad de pensamiento”. Y agrega: “El amateurismo procura desarrollar la conciencia total del individuo y su precepción crítica de las normas de la sociedad. El profesional tiende a clasificar y a especializarse, a aceptar sin crítica las normas del ambiente. El ‘experto’ es el hombre que se queda permanentemente en el mismo sitio”.
>lacajaboba@gmail.com
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