Cada día en Guatemala un promedio de 5.7 niñas menores de 14 años dan a luz como consecuencia de una violación.
La violación y el embarazo de niñas provocan serias consecuencias físicas, psicológicas y sociales, así como secuelas para toda la vida. Se viola su cuerpo, su infancia, su vida, sus sueños y su futuro. Se destroza violentamente una de las etapas más importantes y hermosas de la vida. Se violan sus derechos a estar protegidas y sus posibilidades de desarrollar todo su potencial.
Dado que no todas las violaciones conducen a un embarazo y un parto, y que existe un alto nivel de subregistro y hechos no denunciados, este es un problema de grandes magnitudes y un grave delito que casi siempre queda en la impunidad. Según el Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva, entre enero del 2009 y junio del 2012 se han producido en Guatemala 7 mil 328 partos en niñas de entre los 10 y los 14 años.
Todos estos casos son delitos de violación, como lo señala el Artículo 28 de la Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas: “Siempre se comete este delito cuando la víctima sea una persona menor de catorce años de edad…, aun cuando no medie violencia física o psicológica”.
El silencio cómplice y la tolerancia de este drama son inaceptables.
El 11 de octubre se celebrará en todo el mundo el Día de la Niña, ocasión en que UNICEF quiere hacer un llamado de atención al Estado y a toda la sociedad guatemalteca para ponerle fin a la violencia contra la infancia y que estos delitos no queden en la impunidad.
El Estado debe dar una respuesta contundente ante las violaciones contra las niñas con políticas de prevención y atención a las víctimas, así como persecución penal a los violadores. Se deben incluir en la respuesta los sectores educativo, salud, justicia y protección social, principalmente. También son necesarias algunas reformas legales, como elevar la edad mínima para contraer matrimonio, desde la actual de 14 años para las niñas y 16 para los varones, hasta 18 para ambos.
Los medios de comunicación, las iglesias, las familias, así como las mismas niñas y adolescentes, deben tener un papel protagónico en la definición de estas políticas integrales.
No hay excusa para no hacerlo. Nos toca a todos proteger a las niñas y salvar sus vidas. Es hora de actuar.
(*) Representante de UNICEF en Guatemala.
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