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    Guatemala, domingo 18 de noviembre de 2012

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    DOMINGO

    La narcoguerra se intensifica y asesina al periodismo

    Una investigación de la Fundacion MEPI encontró que el continuo control del narcotráfico en varias zonas del país pinta una falsa realidad. La falta de estadísticas oficiales en las regiones del país empeoran el problema.

    El reloj marcaba 38 minutos del primer tiempo, del partido Santos contra Monarcas, en el estadio Territorio Santos Modelo, a 442 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, cuando los jugadores dejaron de perseguir el balón y corrieron hacia los vestidores. Había una balacera. El sonido de las balas interrumpió a los cronistas. Millones de espectadores mexicanos frente a la televisión observaron cómo se desarrollaba un enfrentamiento entre uno de los carteles más sanguinarios de México y la Policía Municipal de la ciudad industrial de Torreón, Coahuila.

     

    La cámara mostró a niños, ancianos, mujeres y hombres aterrorizados, escondidos debajo de los asientos. Televisión Azteca detuvo la transmisión. Pero el canal internacional ESPN siguió al aire, rompiendo su récord mundial de audiencia en un juego de fútbol local.

     

    Por primera vez la violencia relacionada con el narcotráfico se mezclaba con el deporte tradicional por excelencia, en México. Pero esas agresiones también se viven dentro de los medios regionales mexicanos: grupos criminales continúan amenazándolos cuando reportan sobre la guerra contra el narcotráfico en el país, que ya suma más de 60 mil muertos desde que el presidente saliente, Felipe Calderón Hinojosa, tomó posesión en 2006.

     

    Las amenazas y un vacío de información oficial complican el trabajo de los reporteros, de acuerdo con una investigación sobre autocensura en la prensa regional realizada por Fundación MEPI, una organización de periodismo de investigación basada en la Ciudad de México.

     

    En la Redacción del periódico regional El Siglo de Torreón los editores y reporteros debatieron la noticia. Entendían su importancia, pero dudaban sobre publicar las fotos en primera plana. La balacera había sido entre el grupo criminal Los Zetas y un contingente de la Policía Municipal destacado cerca del estadio.

     

    “Sabíamos que si las publicábamos (las fotos) íbamos a incurrir en mucho peligro”, dijo Javier Garza, director editorial del diario. Su preocupación estaba fundamentada. Desde 2009, las oficinas del diario han sido atacadas en dos ocasiones por hombres armados. Los periodistas de El Siglo han recibido amenazas y advertencias de criminales a los que disgusta su cobertura sobre narcotráfico y violencia.

     

    México fue el país más peligroso del mundo para un reportero en 2011, según el Instituto Internacional de la Prensa (IPI en inglés). Diez periodistas fueron asesinados el año pasado y la tendencia continúa en 2012. El miedo (…) ha profundizado el sentido de autocensura en los medios regionales mexicanos, de acuerdo con la investigación de MEPI que duró seis meses.

     

    Se monitorearon periódicos en 14 de los 31 estados de la República Mexicana, la continuación de otro estudio realizado por MEPI en 2010. Se buscó medir cómo los contenidos de las publicaciones regionales en estados del centro y norte del país fueron impactados por la violencia: su cobertura sobre crimen organizado aumentó más del cien por ciento en 2011 en comparación con 2010. Las nuevas cifras indican que siete de cada diez historias publicadas eran sobre incidentes relacionados con el crimen organizado en tales estados. Solo dos de los periódicos que MEPI monitoreó –El Norte en Monterrey y El Informador en Guadalajara–contextualizaron la violencia, identificaron a las víctimas y dieron seguimiento a las historias.

     

    La nota sobre la balacera en el estadio apareció en primera plana al día siguiente. Sin embargo, El Siglo no explicó las razones del enfrentamiento entre Zetas y policías. Los editores saben que los criminales leen sus páginas para conocer cómo aluden a sus organizaciones e intentan no provocarlos.


    El espectáculo de la violencia

     

    Una mayor cobertura en los periódicos regionales en 2011 no reflejó políticas editoriales ni trabajos periodísticos más contundentes. Respondió a un crecimiento exponencial de la violencia en México, que ese año incluyó más ejecuciones del crimen organizado, las cuales aumentaron un nueve por ciento en todo el país, según el sociólogo Eduardo Guerrero, de Lantia Asociados. En algunos municipios la cifra se disparó a más del cien por ciento.

     

    “Los asesinatos fueron espectaculares en tamaño y dimensión”, dijo por su parte Alejandro Hope, experto en seguridad y exanalista del órgano de inteligencia civil mexicano CISEN. “No había manera de que la prensa regional los ignorara”.

     

    Entre los incidentes más sangrientos de 2011 se cuentan: en Monterrey, el incendio provocado por Los Zetas en el Casino Royale, una casa de apuestas donde murieron 52 personas. En Veracruz, al sur del país, fueron encontrados 35 cuerpos desnudos en una avenida principal. En Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México, fueron hallados 28 cuerpos hacinados en una camioneta abandonada en una calle muy transitada.

     

    El miedo no es la única razón de una cobertura superficial de la violencia en México, según editores y reporteros. El flujo limitado de información oficial afecta los contenidos. En el caso de la balacera en el estadio de Torreón, las autoridades locales no proporcionaron un reporte policial completo y, de acuerdo con los protocolos de seguridad de El Siglo, los reporteros solo incluyeron las versiones oficiales en sus historias.

     

    “Ha sido un calvario obtener datos precisos de las autoridades locales”, dijo Garza. (…) “Algunas veces recibimos información de tres agencias de Gobierno, y todas se contradicen entre sí”. Sin información consistente de autoridades locales y federales, los medios regionales no pueden añadir contexto en sus notas, agregó.

     

    No todo es fácil de explicar. La relación entre la violencia y los medios es multifacética.

     

    Torreón es territorio disputado por carteles del narcotráfico, y otros siete estados están en la misma situación, atrapados en un fuego cruzado entre organizaciones criminales y con poca información oficial que contextualice la violencia. En la mayoría de estos estados, tales factores inclinan la balanza en la cobertura y las actividades criminales, como decapitaciones y secuestros, predominan en los reportes periodísticos.

     

    Una revisión de los contenidos de El Siglo de Torreón, en 2011, muestra que en las historias periodísticas donde se menciona al crimen organizado, 457 eran sobre acciones policiales frente a 713 donde se destacan las de grupos criminales. (…)

     

    Los medios en Tamaulipas, Michoacán y Zacatecas, estados influenciados por el grupo de Los Zetas evitan escribir sobre esa organización criminal y sus actividades. En Tamaulipas, donde el estudio de MEPI encontró el índice más alto de autocensura, el diario El Mañana rara vez cubre violencia del crimen organizado. Las pocas historias sobre crimen que publica suceden en Texas.

     

    En ese estado los periódicos imponen códigos que restringen la cobertura, mientras que los reporteros, temiendo por su seguridad, se contienen en su manera de informar. “En Tamaulipas la prensa está cooptada”, dijo Carlos Flores, experto en seguridad y autor de un libro sobre la colusión entre los gobiernos estatales y el crimen organizado en Tamaulipas. Otra preocupación para muchos periodistas son los casos de infiltración de los carteles en las redacciones, a través de colegas reporteros, de acuerdo con Flores.

     

    Sin una solución fácil

     

    Algunas ciudades han mejorado el flujo de información gracias a la participación de la sociedad civil e iniciativas del sector privado. En Ciudad Juárez y Monterrey, por ejemplo, nuevas organizaciones han contribuido al aumento en el uso de estadísticas. La creación hace dos años de la Mesa de Seguridad de Ciudad Juárez, una entidad que trabaja con el Gobierno local y la sociedad civil, ha propiciado un mejor flujo de información, según Alfredo Quijano, editor del periódico Norte. En Monterrey, un grupo privado de abogados creó al Consejo Cívico de Instituciones de Nuevo León, que promueve la transparencia gubernamental y en especial el tema de seguridad.

     

    La falta de confiabilidad en el flujo de información tiene sus orígenes en la historia unipartidista de México, dijo Flores. “Durante años las autoridades no sirvieron para informar al público, sino para publicar información que favoreciera al Gobierno”.

     

    No será fácil cambiar la actitud de las autoridades para que proporcionen información de calidad, según analistas de los reportes gubernamentales en México. (…) Muchos representantes de los gobiernos locales no tienen habilidades básicas de investigación policial, mientras que otros están coludidos con el crimen organizado, sostuvo Leticia Ramírez de Alba, coordinadora de estudios en tendencias criminales para la organización no gubernamental México Evalúa.

     

    En los últimos seis años, decenas de altos funcionarios en el Gobierno han sido identificados por la inteligencia mexicana por sus nexos con distintos grupos del crimen organizado. Un ejemplo es el reciente arresto de 14 policías federales acusados del probable intento de asesinato, en agosto de este año, de dos oficiales de la CIA y un capitán de la Marina mexicana en una carretera cerca de la Ciudad de México. Oficiales de Estados Unidos sospechan que los oficiales detenidos tienen nexos con el crimen organizado, de acuerdo con reportes de la prensa.

     

    Las estadísticas y los números se han vuelto herramientas importantes para medir la efectividad de programas gubernamentales anticrimen. En 2010 el presidente Felipe Calderón, presionado por grupos de derechos humanos, publicó la primera base de datos en línea sobre homicidios relacionados con el crimen organizado desde 2006. Por primera vez hubo disponibilidad de números oficiales que mostraron la creciente violencia asociada al narcotráfico, pero fue criticada por su metodología poco rigurosa. (…)

     

    La Procuraduría General de la República publicó más estadísticas en 2011, aunque contemplaba únicamente los homicidios de enero a septiembre. Aún es incierto si el presidente entrante, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó el país durante 70 años, continuará haciendo públicas las estadísticas sobre el crimen. (…) Sin embargo, recientemente varias autoridades estatales han manipulado los números, para que sus estados parezcan seguros ante la opinión pública. Esta práctica es común, de acuerdo a México Evalúa.

     

    En 2011, por ejemplo, oficiales de Torreón maquillaron las cifras criminales y desaparecieron más de 100 asesinatos de los datos oficiales, reportó El Siglo. En 2007, el gobierno del Estado de México, vecino del Distrito Federal, también manipuló sus números; redujo la tasa de homicidios violentos en un 60 por ciento, según Ramírez de Alba, cuando el presidente electo, Enrique Peña Nieto, era gobernador de ese estado.


    Falta de periodismo agudo en México

     

    El periodismo mexicano es cobarde al indagar en las historias de violencia, dijo el periodista Marco Lara Klhar. “Los periodistas no están entrenados para reportear historias que vayan más allá de la violencia, y que describan problemas endémicos del sistema político y legal mexicano”, dijo. “Como periodistas no estamos haciendo nuestro trabajo de un periodismo agudo”, añadió.

     

    A su vez, en Torreón, Garza reconoce que él, sus editores y reporteros entienden la necesidad de buscar otras estrategias para cubrir mejor el crimen organizado, de una forma segura, pero por ahora hacen lo mejor que pueden.

     

    En marzo de 2011, 715 periódicos y estaciones de radio y televisión firmaron un acuerdo que promueve la cobertura imparcial del crimen. El documento obliga a los medios a “presentar la información en su contexto correcto y en su justa medida”. El tratado también pide a los periodistas que se aseguren de que “la información que se difunda sobre el crimen organizado debe asignar a cada quien la responsabilidad que tenga sobre los hechos de violencia”. El Siglo de Torreón firmó el acuerdo, pero está lejos de cumplirlo con la información publicada en sus notas sobre crimen.

     

    Garza dijo que él sabe las limitaciones de su periódico. Aun así, sigue buscando mejores formas de escribir las noticias y sobrevivir. Ahora alienta a sus editores a construir bases de datos y a utilizar estadísticas criminales en mapas y gráficas para contar las historias. “Pensamos que tal vez así sea la manera de evitar problemas de seguridad en el futuro”, concluyó.

    Ana Arana y Daniela Guazo • Fundación MEPI*

    17 noviembre 2012

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