Hay veces que es mejor guardar silencio. Los buenos abogados suelen aconsejarlo: en los interrogatorios se debe responder exclusivamente a las preguntas formuladas, y es preferible si esas respuestas son tan breves como precisas, pues entre más se abre la boca, más oportunidades de que entren o salgan moscas.
La señora Baldetti llegó a la conferencia ataviada con un pañuelo naranja, el color del partido oficial, en su posición de máxima autoridad de esa institución. Cuando se le cuestionó si estaba faltando al precepto constitucional de “representar a la unidad nacional”, argumentó que por encontrarse fuera del horario del Organismo Ejecutivo, es decir, “de ocho a cinco”, ella podía dedicarse tranquilamente a resolver los asuntos del partido.
Esa declaración de la Vicepresidenta se convirtió en el epicentro de un terremoto de críticas. Los muchachos de Líder, por ejemplo, se dieron un banquete. ¿Ah sí? ¿De ocho a cinco? ¿Y después qué? ¿El país se queda sin quien gobierne mientras la Presidenta en funciones se dedica a darle pache pache a los niños díscolos del Patriota?
No faltaron las comparaciones con algunos oficios donde el cumplimiento de la jornada laboral, al minuto exacto, es asunto cuasi religioso. Ahí nos imaginamos a la Vice, limándose las uñas en el escritorio, con la vista puesta en el reloj. O mejor aún, con playera de trabajo, los zapatos viejos sin amarrar y una pelota de fútbol, chata a fuerza de chamuscas, bajo el brazo.
En el fondo, aquí el problema no es el largo de la jornada laboral. Sabemos que la mayoría de altos funcionarios del Ejecutivo trabaja bastante más de ocho horas, que están a disposición del mandatario en cualquier momento y que se les ha convocado para sesiones de Gabinete a horas inhumanas.
El problema es más grave: estriba en la esencia de la misión de los dignatarios del país. Más allá de cuánto trabajan, preocupa para quién trabajan, con qué propósito. ¿Para servir al país, enaltecer el bien común? ¿O para promover intereses personales y particulares, que redundan en la acumulación de dinero y poder para ellos, sus padrinos y sus achichincles?
Hay quienes piensan que no se puede pretender jamás que las personas actúen en beneficio de la sociedad, que pase lo que pase estarán motivadas primero por su propio interés. Esos mismos escépticos se reirían de nuestra tradición constitucional, según la cual resulta preferible que quienes ejercen la Presidencia de la República no sean, al mismo tiempo, los líderes de su partido político. Lindo el gesto, pero, ¿a quién pretendemos engañar?, sería el comentario.
Yo sí conozco personas altruistas y no me resigno a la idea de que esa cualidad está prohibida en un político. Pero está claro que mientras eso sucede, al menos las formas deben guardarse.
La Vicepresidenta se colocó a sí misma en una posición imposible, condenada a ser el centro de un enorme conflicto de interés. De ahí que si le toca sustituir al Presidente, ni de chiste debería ocurrírsele hacer una aparición pública como Secretaria General del Patriota.
Por mucho que ella diga que pueda compartimentar sus horas, nos queda claro que no puede desdoblarse a sí misma. El problema no es que Baldetti sea Vicepresidenta de día y Secretaría General del Patriota de noche: el problema es que a todas horas toma decisiones en función de ambas calidades y eso, estoy segura, no puede ser bueno para el resto de guatemaltecos.
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