Escribir de forma incorrecta no es exclusivo de las generaciones jóvenes, lo que sí parece serlo es un estilo de escritura donde una “q” reemplaza a la palabra “que”, en el mejor de los casos, en el peor, una “k”.
La palabra saltaba a la vista, y cómo no si “axión” no cabía en el texto escrito de esa manera. El profesor llamó a la estudiante para hacerle ver su error, ella tenía el argumento para rebatir a su maestro:
– Pero si axión se escribe así, con equis.
– ¿Cómo vas a creer?
– Sí –insistió la joven– así he visto que está escrito en el jabón para lavar platos.
Errores de este tipo son frecuentes en los salones de clase, tanto como para reunirlos en una gruesa antología de estas joyas del desastre en la escritura del idioma. Profesores universitarios, lingüistas y filósofos consultados culpan a la brevedad que exigen las nuevas tecnologías, donde la fonética es suficiente para hacerse entender.
Los caballeros medievales cambiaron sus elegantes armaduras y espadas por los mosquetes cuando se percataron que los segundos eran más ligeros, y por lo tanto se movían con más rapidez. ¿Estaremos frente a una evolución similar con el idioma, donde la inmediatez del mensaje prevalece sobre la forma y el correcto uso de las letras? ¿O todo se reduce a la pereza de unos cuantos que escriben mal pero que teclean mucho?
Siempre ha habido descuidados y distraídos de la ortografía, pero esta vez los mensajitos de texto, tuits y feisbucazos los visibilizaron. Los estudiosos ofrecen distintas explicaciones acerca del origen del asunto, pero sus conclusiones llegan al mismo punto: tener buena ortografía parece ya no interesar.
Escribir sin leer
La primera semana de este mes Violeta De León, profesora en la Licenciatura en Letras de la Universidad San Carlos, realizó una prueba a sus alumnos. El examen constaba de dos secciones, un párrafo y una lista con palabras que, si estaban mal escritas, debían ser corregidas. De los 60 estudiantes ninguno obtuvo la puntuación perfecta, apenas dos cometieron un error. Entre los demás hubo quienes no encontraron extraño leer “alluda”, “geringa” o “inmaginación”.
Más allá de lo desagradable que le resulta leer un texto con mala ortografía, a De León le preocupa la forma tan limitada como los estudiantes utilizan el lenguaje, lo cual restringe la capacidad que el cerebro tiene en este sentido, tal como dicta el psicólogo estadounidense Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples. Su propuesta explica cómo cada persona es más propensa a desarrollar alguna habilidad (verbal, corporal, matemática, visual, musical, interpersonal, intrapersonal o naturalista). Quienes poseen la inteligencia relacionada al lenguaje pero escriben de forma incorrecta y no leen, explica De León, desaprovechan su potencial natural. Quienes no tienen esa habilidad, limitan aún más a su cerebro.
Aura Mejía es profesora de Lenguaje en la carrera de Letras y Filosofía en la Universidad Landívar. Explica que no solo los estudiantes de primer ingreso cometen estos errores, lo ha visto en alumnos a punto de graduarse, en sus estudiantes de maestría e incluso, en algunos colegas.
Las faltas más frecuentes que ha encontrado son cambiar la “s” por la “c”, la “b” por la “v” y similares. Las tildes también se ausentan en muchos escritos, como si lo mismo diera escribir “lamento la pérdida de tu esposa” que “lamento la perdida de tu esposa”. La de confusiones que se pueden evitar con una tilde.
La docente recuerda que cuando cursaba la primaria existía un dicho “La letra por la sangre entra”, en alusión a los métodos estrictos para memorizar las reglas ortográficas. De acuerdo a los métodos del Currículum Nacional Base (CNB) implementado por el Ministerio de Educación desde 2006, dicta que los alumnos deben aprender mediante ejemplos o juegos, no solo con la memoria. Mejía no considera necesario regresar a las técnicas antiguas, aunque sí le gustaría que los profesores fueran igual de exigentes para pedir una correcta escritura.
Códigos amorfos
Con la aparición de las redes sociales se mostró un nuevo lenguaje utilizado principalmente por los adolescentes. Una forma de escritura extraña, improvisada, con mayúsculas a mitad de las palabras y consonantes cambiadas. Esta conversación sucedió en Twitter entre dos enamorados:
Ella: awwwz mi gorda in love_! Me encanta eso
Él: Ammm cUal esO mi niña?!
Ella: que este enamorada_!
Él: Hehehe ziii mi niña.. estO de ztar enAmora es lO maximO hehe y mas cuandO es correspOndiidO igual... jehe se me nota?! Haha
Ella: digamelo a mi mi amor hahaha el amor es puuaf hahahaha de esas cositas qe lo hace sonreir a uno puro loco
Él: Awww cm kien dice uthe anDa igUal.. solo ke no sonriamos muxo xk en el manicomio vamOs a parar x lOks
Ella: ára qe decir que no si si hahahaha mtch ahaha cabal hahaha
Mejía sostiene en su mano el teléfono en el que lee este diálogo. Acomoda sus anteojos y se centra en el texto. Lo aleja, lo acerca. Levanta una ceja “No puede ser” –frunce el ceño– “¡Dios mío!”. Achina los ojos para enfocar “¿Así escriben ‘estar’?”. En su nariz se dibuja el asco, como quien encuentra una rata aplastada en el pavimento. Termina la lectura, baja el teléfono, respira hondo para calmar su indignación.
La decana de la Facultad de Humanidades en la Universidad Rafael Landívar, Hilda Caballeros, intenta ser más comprensiva con quienes escriben de esta manera, lo ve como un “nuevo lenguaje” y se pregunta si esto no es más que una moda. “Pareciera como un código que les da identidad”. Mejía lo compara con la jerigonza, un juego del español que consiste en anteponer a cada sílaba la consonante “p” o “f” y repite la vocal. Así, la frase “tú puedes” se diría “tupu ouepedepes”. Muy de moda en sus días de estudiante, recuerda Caballeros.
Raquel Montenegro, subdirectora de la Academia de la Lengua de Guatemala, tampoco se rasga las vestiduras. “No me parece una deformación de la lengua sino una mutación pasajera producto de la época moderna”. Todo depende del medio usado para escribir.
Escribir con pluma y tintero es una labor que toma tiempo. Es lento como la época cuando comúnmente se escribía con estos utensilios. Pero hoy la información fluye tan rápido que no se toman ese tiempo de colocar letra por letra, dice Montenegro. “Antes se meditaba más lo que se escribía, ahora es casi un fluir de conciencia… Solo la historia nos dirá si ya es momento que el idioma cambie o si fue una moda más”.
Poco interesante
Jorge Hernández y Alejandro Ramírez imparten clases de expresión gráfica y tecnología respectivamente en la Universidad Rafael Landívar en la carrera de Diseño Gráfico. Ambos marcan las faltas de ortografía en los trabajos de sus alumnos, incluso requieren de un sistema específico para hacer citas en los trabajos. Aunque eso no necesariamente cuenta para el punteo.
A Javier Maldonado, estudiante de Ingeniería en Mecatrónica en la Universidad del Valle, no le interesa tener una correcta ortografía y redacción, aunque sus profesores sí se lo exigen. En una ocasión, recuerda, la profesora de Física Fundamental detuvo la exposición de su compañero de clase cuando este tropezó con la muletilla “más sin embargo”. Una extensa charla acerca del mal uso del lenguaje acompañó la intervención.
Escriben mal, hablan peor. “Vistes” o “escuchastes” por mencionar algunos vicios del idioma que cita Víctor Cojulún, profesor del idioma francés en el Centro de Aprendizaje de Lenguas de la San Carlos (Calusac). A Cojulún también le incomoda el desprecio por el español y la contaminación que ha sufrido, pero no se puede dejar de explorar estas formas. A los docentes de francés, los métodos de enseñanza contemporáneos les incluyen abreviaturas de cómo escriben los jóvenes. “Algo así como en español ‘graxs’ significa gracias, o en inglés ‘xmas’ por Christmas. No se pueden obviar, hay que prepararlos para la vida real”.
“Talves” y ahora “sto” de “scrivir” preocupe solo a algunos, y en el futuro lo “q” “prevalesca” sea simplemente “ComuNicarce”. ¿Se entiende?
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