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Vivían en una zona pacífica y holgada, pero un día llegaron las demoledoras y las grúas. El ruido, el polvo y las torres sobre sus jardines. Algunos emigraron. Otros se resisten a dejar la casa de toda la vida. Son los vecinos de las zonas 14 y 15 a los que el crecimiento vertical de la ciudad los ha dejado atrapados entre edificios.
A mí me sacan de aquí con los pies por delante, solía remarcar María Elena de Mayorga para que todos tuvieran claro que los planes de vivir en su casa de la zona 15 eran definitivos. La operación en una rodilla la forzó a trasladarse a la casa de sus hijos en el condominio contiguo, y la construcción de un edificio de 14 pisos a un costado de su vivienda le impidió regresar.
Desde una banca del garaje María Elena observó cómo se erigieron las suntuosas torres sobre lo que fue su jardín: una jungla cubierta de polvillo gris, sacos de papel y envoltorios de las frituras que refaccionan los albañiles.
Hace varios meses que se privó del baño de sol en el garaje. Fue a partir de aquel día que volaron pedazos de piso quebrado y abollaron el carro de su yerno. Y a los diez minutos volvieron a volar más trozos de concreto y dieron contra el carro de su hijo.
Su casa abandonada desde hace más de un año es el cadáver de aquella acogedora vivienda que le mandó a construir su esposo hace 46 años, cuando se convirtieron en el quinto hogar que habitó la 20 avenida “A” de la zona 15. Fue ahí donde crecieron sus 5 hijos. Desde ahí observaban los volcanes. Hoy la casa está a medio desocupar.
La perforación de los sótanos del edificio que tendrá 50 apartamentos terminó por desprender varios tablones de la pared de la sala. El vidrio roto en el patio interno está a punto de desplomarse a causa de otra roca que cayó desde la construcción. Una pared de ladrillos grises rodea su jardín de donde le robaron la bomba del agua. “Cada vez que miro esto el hígado se me hace así”, cuenta De Mayorga. Hace unos meses visitó a un psicólogo porque a sus 75 años perdió el interés en casi todo. El terapeuta le explicó que eso se llama depresión. “Yo era feliz en esta casa, mi casa era preciosa”, dice con el rostro fruncido. “Me arruinaron la vida, me la arruinaron”.
La zona 15, junto con la 14 y parte de la 10, han experimentado el acelerado crecimiento vertical de la capital más notorio. Viviendas unifamiliares con amplios jardines y garajes dieron paso a torres de apartamentos.
En ninguna otra área del país la tierra es tan cara, escasa y apetecible para vivir como para que haya necesidad de levantar altos edificios de apartamentos. En estas zonas sí. Y en este proceso de transformación de la ciudad los vecinos han tenido que decidir si emprenden la retirada y venden su propiedad al mejor postor, o si atornillan la casa, se despiden del paisaje y se adaptan a vivir entre torres.
Fue un comienzo desastroso. La demoledora se apareció de repente y comenzó a devorar la casa de al lado. Las paredes caían rendidas hasta que le tocó a la suya, la que dividía su casa de la vecina. La derribó de un manotazo.
Helena, una vecina de la zona 14, observaba con terror cómo desde su patio trasero se podía ver toda la calle, la tercera avenida. Y entonces se escuchó el estruendo. ¡Pá! El flujo de electricidad se cortó y su televisor y el microondas expelieron humo. Su casa quedó abierta como una lata de sardinas y una mole rugía en su jardín. El nuevo edificio –otro– acababa de hacer su entrada triunfal en la cuadra. Metros arriba 2 edificios más se construían a toda marcha y enfrente otro estaba por comenzar.
Las molestias que ocasionan las grandes construcciones en áreas residenciales no ha sido un tema de estudio, pero siempre han estado sobre la mesa, señala Juan Carlos Salazar, gerente de Inspecciones Globales, una empresa generadora de valores de mercado por medio de avalúos e investigaciones.
Desarrolladores y constructores están conscientes de que el éxito de una obra depende, en gran medida, de no generar molestias a quienes viven alrededor. Las quejas sobre incumplimiento de las normas de construcción pueden generarle multas a la obra impuestas por la Municipalidad, incluso la suspensión de los trabajos si reinciden. “Hay quienes manejan con los pies esa relación con los vecinos. Y otros lo hacen espectacularmente bien”, expone Salazar.
Una vecina de Helena, del otro lado de la calle, tiene una historia de supervivencia. En el jardín donde juega con sus nietos le cayó un machete (“disculpe, fue una broma que me quería hacer mi compañero y se nos fue hasta abajo”, justificó el albañil), una vara de yerro e incontables cascos. Y un bloque de vidrios se desplomó desde la terraza sobre su hija embarazada (los detuvo el techo del carro).
Antes esta familia ya había sufrido la excavación de los sótanos. Aunque la Municipalidad fija que en áreas residenciales sólo puede operarse la maquinaria en horas hábiles, la escuchaban a veces después de las 10:00 de la noche.
Fue tanto el calvario que la empresa desarrolladora del edificio accedió a alquilarle la casa de al lado, donde los sonidos de la fundidora de cemento y las sierras no eran tan sonoros. El exilio duró casi el año. En el ínterin se metieron los ladrones a su casa y también le robaron la bomba del agua.
Las empresas deben cumplir con las medidas de mitigación que les exige la Municipalidad y algunas tienen sus propios reglamentos para minimizar los daños. “Pero siempre, aunque tomemos todas las precauciones, hay un pequeño porcentaje de probabilidades de que suceda un problema”, explica Romeo Recinos, ingeniero de la constructora Itsa y director del proyecto de Meridian, el edificio al lado de la casa de De Mayorga.
Cuando avanza una obra, detalla Recinos, se colocan voladizos de protección y mantas negras (saranes) para que la basura y materiales no salgan del edificio. También se instalan barreras de plywood porque la bomba de la fundidora tira concreto con tal presión que las piedras pueden caer en las vecindades. Supervisan la limpieza, les prohíben a los albañiles piropear y escuchar el radio a todo volumen y riegan la calle para que no se levante polvo, entre otras medidas. Tienen una partida en el presupuesto para cubrir daños y contratan un seguro para atender reclamos como los vehículos abollados de los Mayorga. Y aún así las molestias a los vecinos son inevitables. “Yo les digo que tienen razón. Cómo iban a imaginar ellos que les iban a poner un edificio que les causaría ruidos durante la construcción y afectará su intimidad”, dice.
Itsa ha construido alrededor de 20 edificios en las zonas 14 y 15. Pero los Mayorga han sido los vecinos a los que más molestias involuntarias les han ocasionado, aseguran Recinos y José Jorge Iturbide, el director financiero. Pero también han sido los más difíciles. En una ocasión, cuentan, Pablo, el hijo de María Elena de Mayorga, le sacó una escopeta a los albañiles y les gritó que se callaran.
Sandra Castillo, vicepresidenta de la Asociación de Vecinos de la zona 14 –grupo que se formó para hacerle contrapeso a la construcción de grandes torres en la zona– intentó durante 2 años evidenciar los problemas que le acarrearon los dos edificios frente a su casa. Elaboró una presentación con las imágenes que fotografió por varios meses: una letrina al ras de la acera (y un albañil con un rollo de papel a punto de entrar), camiones y máquinas tapando su portón, vendedores de comida afuera de la obra, prestamistas los días de pago, tragantes colapsados por la tierra de las excavaciones, paredes y carros orinados.
Hace un par de años, cuando en zona 14 había una docena de edificios en construcción al mismo tiempo, las denuncias que presentaban los vecinos a la Municipalidad eran más numerosas. Hoy, que están en ejecución 5 proyectos, estas son poco frecuentes, alrededor de 2 por mes o menos.
Para evitar esas quejas, tanto las que llegan al teléfono de denuncias de la comuna, como las que se resuelven directamente entre el afectado y los encargados de la obra, Alfonso Saravia, gerente de operaciones del grupo inmobiliario de Transac, visita a los vecinos que colindan inmediatamente con la construcción, previo a que esta comience. “Les explicamos de cuántos niveles será el edificio, cuánto durarán los trabajos, las medidas que tomaremos para evitarles incomodidades y les dejamos nuestros números de teléfono”, detalla.
El año pasado Transac compró los derechos de la licencia de construcción y el terreno al lado de la casa de Helena. Ahora se erige ahí el edificio Avenida 3. Hasta ahora, a pesar de los martilleos, las sierras, las plumas gigantescas que se mueve sobre el techo de su casa, las cosas marchan bien. “Al menos no hay ruidos en la noche, limpian todo el tiempo y son muy corteses”, cuenta ella. Después del corto circuito ocasionado por la empresa inicial, relata, pasó un año para que le repusieran el costo de los aparatos eléctricos a ella y a sus vecinos y la obra quedó suspendida. Ella tuvo que pagar la construcción de la pared de 40 metros que le habían derribado.
Cuando termina la obra
Los mayores problemas que ocasiona el levantamiento de un edificio ocurren durante la construcción, alrededor de 2 años, y los padecen más los vecinos de al lado. La paz generalmente llega cuando el ruido, el polvo, las maquinarias y los trabajadores (que a veces suman 200) se marchan.
La asociación que encabeza Sandra Castillo pedía que los edificios, que impactan directamente sobre la red vial y cuyos pozos consumen el agua del manto freático, implicarán mejoras en el sector, como cableado subterráneo, asfalto en las calles que dañan los camiones, arriates con árboles, aceras más amplias, pasarela en la avenida Las Américas para los cientos de trabajadores que se movilizan a pie. Pero nada de esto cambió. Entre las cosas positivas que acarrean las nuevas torres se cuenta la sensación de seguridad y vigilancia y más servicios para el sector. “Tuve que aprender a perder”, admite Castillo. “Y ahora ya me acostumbré a las moles”.
A diferencia de muchos de sus vecinos, a Sandra ningún corredor de bienes raíces le ha ido a tocar la puerta para proponerle que venda su casa. Ella, además, no tiene ningún interés en deshacerse del techo que construyó hace 58 años su padre, un ingeniero de Caminos. Se trata de un terreno demasiado pequeño –500 varas– para que interese a un desarrollador de proyectos. Sin embargo en la zona 14, así como en la 10 y 15, sigue muy activo el mercado de compra venta de casas que serán demolidas para convertirse en edificios.
La deseabilidad que tiene la zona 14 para vivir responde a una cuestión aspiracional, opina Rafael Borjes consultor en bienes raíces de Metros&Varas. “La gente quiere vivir ahí por estatus, una demanda que ya está redirigiéndose hacia la zona 15”, refiere.
Alrededor del 50 por ciento de la gente que vende sus propiedades en estas zonas son personas que piden que se les pague parcialmente con un apartamento del edificio que levantarán en sus tierras y piden el diferencial en efectivo, explica Alfonso Saravia, gerente de Transac.
“Yo diría que la gran mayoría de propietarios de casas en las zonas 14 y 15 tienen algún interés en vender pero son muy pequeñas y a ningún inversionista le sirven por separado”, comenta Borjes. Un edificio de medianas proporciones requiere de al menos 35 x 40 metros o 2 mil varas cuadradas de terreno para ser construido. Las casas promedio en zona 14 oscilan entre 20 x 40 metros y 25 x 45 metros las de zona 15.
Un vecino que esté interesado en vender tiene que ponerse de acuerdo con el de al lado para que negocien juntos, lo cual es difícil porque cada familia tiene distintos intereses y necesidades.
Los vendedores de casas en estos sectores generalmente son los hijos de los primeros pobladores que ya fallecieron o parejas cuyos hijos ya no viven con ellos y su avanzada edad les demanda más seguridad y les dificulta darle mantenimiento a una vivienda grande.
En diciembre de 2008 entró en vigencia el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), el cual estableció límites de altura de las edificaciones según su ubicación, vocación y la distancia con las vías del sistema vial primario. Eso implicó que áreas donde se construyeron torres de 17 niveles o más ahora sólo puedan levantarse 8 o hasta 10 pisos. En otras, un máximo de 4. Edificios altos como Meridian y Avenida 3 obtuvieron la licencia de construcción previo a la aprobación del POT.
Pero hay propietarios, especialmente en zona 14, que quieren vender a los precios del mercado antes del POT (US$500 y hasta US$600 por vara) porque se rehúsan a aceptar que su tierra vale menos, ya sea porque le quedaron edificios muy altos cerca o porque ya no puede construir demasiados niveles en ella. “La tierra tiene que empezar a bajar de precio y llegar a tarifas mucho más bajas”, opina Saravia.
Algunos opinan que una casa al lado de un edificio se deprecia porque padece el cono de sombra (se tornan frías y húmedas) y el efecto de embudo (chiflones), y pierde privacidad. Otros consideran que un edificio, aunque crea condiciones negativas para una casa de habitación, genera oportunidades para el dueño de la tierra porque puede utilizarla para otros usos, como servicios para el sector.
¿Y si la intención del vecino es quedarse a vivir ahí? Entonces definitivamente tiene que adaptarse, sostiene Juan Carlos Salazar, gerente de Inspecciones Globales. “Hay que creer en el desarrollo de la ciudad. Yo sé que donde vivo hoy no podré vivir el resto de mi vida”, acota.
En este proceso de verticalización de la capital, las molestias que provocan los edificios son, como Romeo Recinos de Transac les explica a los vecinos de las obras, “el precio del desarrollo”. “Hoy sufre usted, pero mañana va a querer hacer algo en su terreno y será usted, o sus hijos, quienes le ocasionen molestias a sus vecinos”.
Juan Carlos Salazar, gerente de Inspecciones Globales, una empresa generadora de valores de mercado por medio de avalúos e investigaciones, expone cuál es la oferta de proyectos inmobiliarios en las tres zonas capitalinas que han experimentado el mayor crecimiento vertical en la ciudad y el futuro cercano de estas áreas.
Actualmente hay 42 edificios en venta en las zonas 10, 14 y 15 que ofrecen en total 1,659 unidades.
Zona 10: 10 edificios, 861 unidades (para oficinas y vivienda) Aunque es la que menos proyectos tiene en venta concentra a los más grandes en cuanto al número de unidades.
Precios: de U$88,000 a casi US$500 mil.
Zona 14: 13 edificios de apartamentos, 550 unidades. La tipología más común en la zona son los apartamentos de tres habitaciones que oscilan entre los 150 a 200 metros cuadrados.
Precios: de U$80,000 a más de US$500 mil.
Zona 15: 19 edificios. Es la zona que cuenta con la oferta más grande. Su producto principal son los apartamentos de tres habitaciones. Ha mostrado un notable aumento de construcciones verticales y redirigió el peso de la oferta que antes recaía sobre la 14 y 10.
Precios: de US$80,000 a $350,000.00.
Tipos de apartamentos
Se ofrece básicamente lo mismo: unidades de una, dos, tres y cuatro habitaciones, con excepción de un proyecto ofrece apartamentos de una habitación de 70 metros cuadrados o otro que los vende con dos habitaciones idénticas para “roomates”.
Se calcula que el “stock” (existencia) inmobiliario de las zonas 10 y 14 que aún está en la primera fase de venta se agotará en los próximos 10 meses si se mantienen las condiciones actuales y no surgen nuevos proyectos en el mercado.
Al igual que en mercado de casas, los apartamentos son cada vez más pequeños. Es una tendencia mundial: el mismo dinero compra cada vez menos tamaño. Conforme el mercado madura entiende que no es necesario tanto espacio, por ejemplo, el dormitorio para la empleada del servicio doméstico que actualmente labora por día y ya no vive en la residencia.
Tipos de clientes
En términos generales, una persona o núcleo familiar que reciba ingresos superiores a Q20 mil mensuales encontrará en estas zonas una opción que se adapte a sus necesidades. Se incluyen familias con uno a más hijos, parejas sin hijos, empty nesters o padres de familia cuyos hijos ya dejaron la casa, roomates o compañeros de casa, divorciados, solteros y viudos e inversionistas que compran un apartamento para salvaguardar su dinero y obtener retorno de su inversión.
Los que vendrán
Se puede anticipar el lanzamiento de aproximadamente 20 a 30 proyectos en estos sectores. Pueden ser no solo de apartamentos sino de oficinas o/y comerciales. El uso mixto está cercano.
El futuro cercano
Es muy prometedor. Se espera ver a corto plazo opciones de apartamentos para todos los niveles socioeconómicos con capacidad de compra. El proyecto Aeropuerto en la Avenida Simeón cañas es un intento de repoblar las zonas 1, 2, 4 y 8. La vida está cambiando en la ciudad al igual que la tipología de las viviendas. Es cuestión de tiempo que la oferta de apartamentos comience a florecer en el resto de la ciudad.
El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) establece seis zonas G que van desde lo más rural (G0) hasta lo más urbano (G5).
(24%) Zona G0, natural. No se permiten construcciones para la ocupación humana.
(19%) Zona G1, rural. Destinadas para la conservación de los recursos naturales con aptitud para la ocupación humana. Edificios hasta de 4 pisos con 70 por ciento de área verde.
( 7%) Zona G2, semiurbana. Predominancia de viviendas unifamiliares y áreas verdes. Aproximadamente 4 pisos con 40 por ciento de área verde.
( 31%) Zona G3 [urbana]. Por su distancia del sistema vial primario son aptas para edificaciones de mediana densidad de ocupación, con predominancia de viviendas multifamiliares. Edificios de aproximadamente 4 pisos con 10 por ciento de área verde.
(14%) Zona G4 [central]. Predominan los edificios de mediana altura y alta densidad de ocupación con viviendas multifamliares y usos del suelo compatibles con la vivienda. Edificios de aproximadamente 8 pisos con ocupación total del predio.
(5%) Zona G5 [núcleo]. Predominan los edificios con torres y sótanos de estacionamiento. Los espacios verdes generalmente sólo son provistos en el espacio público. Edificios de aproximadamente 16 pisos. Ocupación total del precio. Uso no residencial libre.
Un piso= 4 metros de altura. En las G3, G4 y G5 puede aumentar el número de niveles si el desarrollador se acoge a los incentivos municipales como destinar más área verde u ofrecer facilidades para discapacidades físicas.
¿Cómo saber a qué área corresponde mi casa o terreno? Ingrese a la siguiente dirección de la página de la Municipalidad de Guatemala y descargue el mapa de la zona en donde se ubica la propiedad:
http://pot.muniguate.com/reglamento_pot_mapa.php
Fuente: www.muniguate.com.