Ábner Cos tiene 16 años y de su trabajo en el basurero depende el sustento diario, el alquiler del cuartito donde viven y comprar las medicinas que alivien a su madre.
La suya no es una carrera por deporte, aunque debe estar en forma para cargar pesados bultos y alcanzar la meta de cada día: el camión de la basura. Ábner Cos es guajero en el basurero de la zona 3 desde hace 10 meses, cuando la diabetes desmejoró la salud de Carmen Cos, su madre, también guajera.
Su trabajo consiste en llenar cachas, grandes bolsas de hilo de nailon con material reciclable; botellas plásticas y latas de aluminio que luego vende a las recicladoras. “Cada cacha pesa unas 100 libras, a veces me dan Q50 a veces Q20”, hace cuentas.
La menuda figura de Ábner parece sumergirse al descender a las profundidades del vertedero en busca de esos tesoros que contiene el camión de la basura que persiguió corriendo. Después de unas horas de bucear regresa a la superficie con su cacha llena, asegurando el sustento de ese día, los medicamentos para su madre y el alquiler del cuartito donde viven en el asentamiento Manuel Colom Argueta.
Así, de lunes a viernes, los sábados estudia en Nufed 360, la escuela municipal contigua al basurero donde trabaja. Cursa segundo básico, por ahora; este año reprobó cuatro asignaturas. “El laboratorio de computación es entre semana y no pude ir por el trabajo”, se excusa. Antes que enfermara Carmen, Ábner era un estudiante regular en la jornada matutina de lunes a viernes. “Mi muchacho iba bien en la escuela, y mire, sin protestar, tomó las riendas”, lo dice con admiración, y con un dejo de tristeza.
El chico ha estado a punto de dejarlo todo, pero hay gente que lo anima a seguir, como Lisbeth Pérez, trabajadora social del programa Camino Seguro, quien lo alienta día a día a no abandonar sus estudios. “Trabaja duro por lo que quiere, ahí va a pesar de sus circunstancias”, valora Pérez. El programa ayuda a muchachos como Ábner para que estudien y dejen de trabajar, pero hicieron una excepción con él por la salud de su madre. Y porque vieron su potencial: “Es responsable, creativo, trabajador y un líder nato entre sus compañeros de clase”, lo describe Amílcar de León, uno de sus tutores en dicha institución.
Ábner se esfuerza en esta carrera por sobrevivir, confía en que un día cambiará de pista y correrá por salvar vidas, quiere ser bombero. “Si voy a morir que sea salvando a alguien y no de otra forma”, dice sin vacilar.
Ábner y su madre necesitan:
- Necesitan pastillas de Netformina, y dos dosis diarias de insulina.
- Un trabajo para Carmen (es cocinera) que le permita sufragar sus gastos de alimentación y comprar sus medicamentos para que Ábner deje de trabajar y continúe sus estudios.
- Una computadora y una impresora para que Ábner realice sus tareas en casa.
- Víveres.
Cuenta BAM
Depósitos
CARMEN COS MOX
30-2008464-0

